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Ferrari 458 Italia: Décimas de fiebre amarilla

Directa desde Maranello nos llega la última joya de la marca del 'cavallino', un 458 Italia diseñado para batir los mejores registros y conducirte al 'delírium trémens' por su rapidez, nobleza y eficacia.

El 458 es un coche que refleja la forma de vivir la automoción de todo un país y por eso no podía llevar otro nombre: Italia.

Después de una ajetreada jornada laboral, conduciendo prácticamente sin pausa por nuestros habituales recorridos de prueba, no me queda duda, el Ferrari 458 Italia es el coche del momento. Y no lo digo solamente porque su espectacular figura rompe completamente la línea de diseño actual de Ferrari. Ni siquiera porque es el primero en incorporar el motor V8 que estará presente en los futuros modelos de la marca durante la próxima década. Me baso, principalmente, en las sensaciones que ha logrado transmitirme. Antes de subirme a este coche no recordaba que conducir podía resultar tan gratificante.

CLASE DE DOMA

Todos los Ferrari tienen en la faceta emocional su principal baza. Son máquinas especializadas en generar una atmósfera única. El característico sonido de sus motores lo envuelve todo, el tacto exquisito de la dirección, el cambio y los pedales, así como el impecable aspecto racing del habitáculo, colman todos nuestros sentidos y nos invitan a disfrutar sin contemplaciones de cada kilómetro. Quienes se hayan subido a un Ferrari alguna vez sabrán bien a lo que me refiero. Sin embargo, también habrán comprobado que en estos coches, de reacciones rápidas y potencia salvaje, estas buenas sensaciones acostumbran a mezclarse con el inevitable temor a que el‘cavallino’ se desboque en cualquier momento, sobre todo, cuando empezamos a apurar los límites de la mecánica. Bien, pues eso es justo lo que Ferrari ha corregido en el 458 Italia.

"Antes de subirme a este coche no recordaba que conducir podía resultar tan gratificante".

En los tramos de montaña tenemos la sensación de que todo está bajo control y cuando nos acercamos a los límites, el bastidor nos avisa a tiempo. En el modo ‘Sport’ -paradójicamente el más confortable- el control de tracción atenúa los típicos derrapajes a la salida de las curvas con una finura excelente, mientras que en el ‘Race’ es notablemente más permisivo. Con todo y eso, sólo cuando desactivamos los controles, encontramos reacciones algo más bruscas y desatadas, que suben claramente el listón al conductor. Sólo en estas condiciones, como es lógico, el Italia demanda manos realmente expertas para ganar alguna décima en los tramos, sin ver comprometida la seguridad.

Estamos, por tanto, ante uno de los deportivos que mejor se deja llevar en este ambiente. Y esto se debe, en gran parte, al equilibrado reparto de pesos -42 % en el eje delantero y 58% en el trasero- que posibilita montar un motor relativamente ligero en posición central trasera. Esto elimina algunas de las inercias propias del 599 Fiorano -motor V12 delantero- y de alguno de sus rivales más directos, como el Mercedes SLS -V8 en posición delantera-. Y es que en conjunto, el Ferrari también es el más ligero. Gracias al chasis rígido space frame realizado en aluminio, así como la mayoría de los componentes de la suspensión, detiene la báscula en los 1.485 kilos, por los 1.695 del AMG o los 1.570 del Porsche 911 Turbo S, por seguir con la comparación.

IMBATIBLE SOBRE EL ASFALTO

Esta circunstancia resulta definitiva para lograr un paso por curva superior a estos dos rivales y aunque en aceleración pura la eficacia del motor turbo del 911, asociado al cambio de doble embrague PDK, es incontestable, el Ferrari recupera terreno gracias a la extraordinaria estirada de su V8 atmosférico, que empuja mucho a partir de las 4.000 vueltas y es un auténtico vendaval desde las 6.000, todavía a 3.000 revoluciones del corte. Así se explica que termine siendo algo más rápido en el 0-200 kilómetros/hora que el Porsche y que, sobre todo, deje mucho más extasiado a su conductor, que saborea cada metro del recorrido esperando con las manos en la levas del cambio a que en el volante se encienda el último LED, el que te marca el tope de revoluciones, cuando estas en medio de un tormenta de decibelios que te sacude a la espalda.

El motor V8 es increíble por capacidad de empuje y elasticidad. Impresiona desde las 4.000 vueltas y pone los pelos de punta a 9.000.

El 458 no es un superdeportivo de capricho. Es un coche que refleja la forma de vivir la automoción de todo un país y por eso no podía llevar otro nombre. Italia. Un Ferrari para soñar con él cada noche, para crecer admirándolo en cada detalle, como hicimos los de mi generación con el Testarossa de los 80. Los niños de hoy ya tienen cómo decorar su habitación.