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Renault Latitude 2.0 dCi 150 cv: Aparente

Renault nos ha sorprendido con el lanzamiento de una berlina de casi cinco metros de largo, aparente y capaz que llega al mercado con un precio igualmente atractivo y que aparentemente hereda la tradición de modelos tan populares como el Renault 25 o el Safrane. Pero ya se sabe, a veces las apariencias engañan.

El Latitude es un coche básicamente cómodo y asequible.

Renault ha tardado más de ocho años en volver a ofrecer un coche de las características del Latitude en el mercado europeo, exactamente desde que en 2002 dejara de venderse el Safrane. En ese momento, un modelo tan insólito como el Vel Satis fue el encargado de tomar su relevo hasta en el 2009 dejó de producirse. Sin embargo, en otros mercados el Safrane tardó menos en volver a la palestra. En 2008, después de que la marca del rombo se hiciera con el 70% de las acciones de Samsung Motors en Corea del Sur, se presentó un Safrane destinado a latinoamérica que aprovechaba la base mecánica del modelo SM5 y poco después, al año siguiente, Renault lanzó en Europa el Koleos (ver prueba), un SUV compacto que también se vende como Samsung QM5 en Corea y que se fabrica allí, en la misma planta de Busán de donde viene este Latitude.

Sí, tres años después de todo aquello, el Samsung SM5 está ya en su tercera generación y ha recibido mejoras tan importantes en cuanto a calidad general y equipamiento que han llevado a Renault a pensar que puede tener buena aceptación a nivel global, por lo que se ha incorporado tal cual al mercado europeo bajo el nombre de Renault Latitude. De hecho, ya está disponible en todos los países a excepción de Alemania. Un coche con una historia tan particular merecía una prueba a fondo.

Confort

Quizás os preguntéis como tiene cabida una introducción tan extensa antes de la prueba a fondo. Es muy sencillo, uno se lanza a investigar cuando lo primero que intuye al subirse al Latitude es que éste no es Renault como los demás. Lo cierto es que su apariencia externa le asemeja bastante a los modelos actuales de la marca y por ejemplo, el esquema del eje delantero de su chasis está importado del actual Laguna. Pero en cambio su aspecto interior, su tacto general y sobre todo su comportamiento en carretera difiere bastante de lo que uno espera, que no es otra cosa que una berlina digna del nivel de los Citroën C6, Peugeot 508 o Skoda Superb, modelos en los que cada una de estas marcas ha volcado lo mejor de su tecnología.

Este no es el caso del Latitude. Si nos dejamos orientar por su precio de venta, notablemente inferior al de sus citados ‘rivales’, comprenderemos que estamos ante un producto bien distinto, pensado para ser rentable y atractivo en mercados muy diversos y no para posicionarse como un modelo premium. Así se explica que no esté al nivel del Laguna en muchos apartados tales como la calidad general de los materiales, el diseño y la insonorización del habitáculo o el equipamiento opcional. Por ejemplo, a partir de los 120 km/h es habitual escuchar ruidos aerodinámicos o de rodadura algo molestos o descubrir algunos cables demasiado expuestos y detalles de acabado mejorables.

Sin embargo, también hay que aclarar que, el Latitude presenta ciertas ventajas frente al Laguna. En primer lugar, es más espacioso. Dispone de dos asientos delanteros muy cómodos -el del conductor puede tener incluso ajuste eléctrico y función de masaje y ambos climatización- y de una banqueta trasera con bastante inclinación que procura una postura muy cómoda -casi tumbada- a los ocupantes de las plazas traseras, que viajarán a gusto por anchura, altura y espacio para las rodillas, a excepción del pasajero que ocupe la plaza central, pues la altura en este sitio es bastante más limitada y una persona de 1,80 metros rozará con la cabeza en el techo.

Circulando por autovía y a velocidades legales disfrutamos de una conducción bastante agradable, situación que varía cuando la carretera empieza a torcerse...

En la misma línea, el maletero ofrece hasta 477 litros de capacidad -mucho más que cualquier berlina de representación- y acoge una rueda de repuesto del mimo tamaño que las otras cuatro, la suspensión es de ajuste blando y filtra a la perfección los baches e irregularidades del terreno e incluso puede disponer de un ionizador de aire y un ambientador con dos aromas distintos para hacer nuestros viajes más agradables.

Conducción

En conducción decidida, quien vaya al volante del Latitude no tardará en encontrar las limitaciones de su coche que, con nobleza, se encarga de recordemos que ha sido concebido para mercados tan dispares como el latinoamericano, el africano, el asiático o el europeo y que, por tanto, el bastidor carece de una puesta a punto adecuada para trazar curvas sucesivas a buen ritmo.

Su suspensión delantera, independiente de tipo McPherson, es la misma que la del Laguna, sí pero el eje trasero está importado del Nissan Altima -modelo que no se comercializa en Europa-. Sorprendentemente la suspensión en este eje es independiente, de paralelogramo deformable, un esquema teóricamente más sofisticado que el eje semi-rígido de brazos tirados del Laguna, pero la falta de rigidez en los muelles y amortiguadores se traduce en sucesivos balanceos de la carrocería en las curvas y notables cabeceos en las frenadas. Además, la dirección no informa demasiado y en definitiva, no tardamos en bajar el ritmo de la marcha.

En el aspecto positivo cabe destacar que su motor, el 2.0 dCi de 150 caballos de Renault, sí es satisfactorio en cuanto a silencio, suavidad y nivel de consumo.

Esto nos permite realizar largos recorridos con el Latitude sin tener que pasar por la gasolinera. Lo normal es que el consumo se fije en torno a los 5,5 o 6 litros/100 kilómetros si viajamos sin carga y a un ritmo medio. No en vano, este motor va asociado a una caja de cambios manual de seis velocidades con unos desarrollos bastante largos.

Como contrapartida, esta circunstancia nos obliga a jugar en exceso con el cambio, ya que el motor no ofrece una respuesta contundente hasta las 2.500 vueltas y el funcionamiento de la palanca del cambio tampoco resulta agradable, con recorridos más bien largos y tacto algo gomoso.

Valor de compra

Así llegamos al apartado estrella para el Latitude. Sin duda su precio es uno de sus puntos fuertes, con este motor Diesel está a la venta desde 25.115 euros y por unos 24.000 se oferta el Laguna con ese mismo motor. Una diferencia que nos parece ridícula si la comparamos con el salto que hay entre las berlinas medias y sus hermanas mayores en el resto de marcas como Citroën, Peugeot o Skoda. Además, en el momento de escribir esta prueba, poco después de su lanzamiento, incluye una campaña de 2.000 euros de descuento en toda la gama.

El nivel de equipamiento del Latitude es muy elevado. Nuestra unidad de pruebas, de acabado Privillege subía a los 27.315 euros pero añadía elementos como: faros bi-xenón adaptativos, retrovisores eléctricos calefactados, autoencendido de faros y limpiaparabrisas, radio CD MP3 con entrada auxiliar de tipo USB, tapicería mixta de tela y cuero, control de velocidad e incluso sensor de aparcamiento.

Es decir, todo lo necesario, pero lo mejor es que podemos añadir dos packs de equipamiento a 1.000 euros cada uno. El pack ZEN incorpora: asiento del conductor con ajuste eléctrico y función masaje, cámara de visión trasera, ionizador de aire y difusor de perfume, así como radar de proximidad delantero. Mientras que el pack Techo añade el parabrisas atérmico y el techo panorámico practicable.

Conclusión

En definitiva, podemos llevarnos un coche como el Latitude totalmente equipado y con motor dCi de 150 caballos sin llegar en ningún caso a los 30.000 euros. Con la oferta actual nos saldría por unos tentadores 27.900, aproximadamente. Sin embargo, a menos que valores especialmente el espacio y el confort, el Latitude no colmará tanto tus expectativas como el Laguna que nos sigue pareciendo, después de todo, el producto estrella de Renault.