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Saab 9-5 Aero 2.8T 300cv: tratamiento renovador

Tras un periodo de incertidumbre, la marca Saab vuelve a estar en activo. Y nada menos que con su producto estrella, la gran berlina de la gama, totalmente nueva y con un enorme avance tecnológico.

El Saab 9-5 irradia mucha más personalidad que las berlinas alemanas al tiempo que una imagen menos pretenciosa.

En pocos meses hemos pasado de la angustia de ver desmantelada la marca Saab a verla renacer de la mano de Spyker. Esta buena noticia no ha tardado en verse acompañada por el lanzamiento de la berlina estrella de la firma sueca, que venía siendo desarrollada en paralelo con el Opel Insignia. Hemos querido probarlo con su motorización más potente para ver hasta dónde puede llegar la nueva y perfeccionada tecnología que hereda de su anterior propietario General Motors.

Otros tiempos
Ya desde que vemos el imponente aspecto del 9-5 notamos que nada tiene que ver con su antecesor, ya obsoleto desde su lanzamiento en 1997, sensación que ratificamos al empezar a conducirlo. Nada tiene que envidiar a las berlinas alemanas, sus rivales naturales en el segmento. La calidad de los materiales interiores y las sensaciones al volante nos seducen desde el primer momento.

La suspensión delantera con columnas McPherson mejoradas con el sistema HiperStrut y la dirección suave y precisa –más directa en esta versión Aero– surten a la conducción de un gran aplomo tanto en recta como en curvas de cualquier tipo. El 9-5 más potente de la gama se beneficia además de una transmisión integral que aporta una motricidad constante aunque la carretera se vuelva deslizante. Los 300 caballos disponibles provienen del motor V6 que también equipa el Opel Insignia OPC y se muestran más que suficientes para aportar prestaciones intachables y sensaciones de conducción en un coche de elevada potencia. La generosidad del motor queda un poco mermada por el cambio automático, algo lento en conducción deportiva; además, contribuye a elevar un consumo que no es parco, sobre todo, cuando exigimos poderío.

Imagen original
Con una delantera que retoma la estética del futurista concept car cupé Aero X –presentado en el Salón de Ginebra de 2006–, el 9-5 se distancia de sus competidores con un estilo diferente, el que siempre ha caracterizado a Saab: amplios voladizos y un elegante estilo de limusina, se acompañan de llamativos detalles como las molduras laterales cromadas o las espectaculares llantas Edge opcionales que equipaba nuestra unidad de pruebas –431 euros–.

Por dentro, la dotación de equipo de última tecnología nada tiene que su antecesor. Por ejemplo, el conductor puede beneficiarse del Head-Up Display que proyecta en el parabrisas la información básica de conducción mientras los pasajeros traseros disfrutan de las dos pantallas multimedia, pudiendo además utilizar el climatizador de triple zona para adaptar la temperatura posterior –1.593 euros–. El tradicional diseño aeronáutico de la marca está presente en el puesto de conducción, cómodo y de buena ergonomía. Los asientos deportivos, de serie en el Aero, son muy cómodos y permiten una adecuada regulación.Además ofrece un espacio enorme, superior a lo que dan sus rivales de segmento, así como un maletero de 515 litros en el que cabe de todo.

Por tecnología y dimensiones, el 9-5 se sitúa en el segmento de las berlinas de lujo. Su precio contenido y su buena habitabilidad le dan un valor añadido respecto a sus rivales. Una buena opción, porque ofreciendo comodidad y espacio intachables -de lo mejor de su segmento- así como equipamientos de alta tecnología y una imagen exclusiva, el Saab 9-5 irradia mucha más personalidad que las berlinas alemanas al tiempo que una imagen menos pretenciosa, en un mercado en el que los coches supuestamente exclusivos se cruzan a la vuelta de cada esquina.