9a3cb070-vw-interactive-headlights-and-taillights-25
Así funciona el futuro sistema de iluminación de Volkswagen
Sut united states  1690152
Alonso: “Mi intención nunca fue correr todo el año en Indy”
Mercedes-cls-prueba-captura
Prueba Mercedes CLS 350d: Súper clase para cinco
Sut united states  1690043
Sainz: “Una clasificación en mojado será un buen desafío”
Emisiones co2
Los coches nuevos vendidos en 2018 ya emiten más CO2 que los de 2017

El salar de Bonneville, epicentro mundial de los adictos a la velocidad

La fotógrafa, aficionada a la velocidad y al mundo del motor Alexandra Lier nos lleva hasta esta concentración donde la velocidad es protagonista en The World's Fastest Place

Bolidos-bonneville7-1537780113-2

Cada año personas devotas de la adrenalina y adictas a la velocidad de todo el mundo llegan al salar de Bonneville con sus originales bólidos y motocicletas para incluir sus nombres en los libros de récords de velocidad. Lo que fuera un enorme lago hace millones de años es hoy uno de los lugares de extracción de sal más importantes del mundo y la pista de carreras más famosa del planeta.

En este desierto, al noreste del estado de Utah, en EEUU, parece que la tierra se extienda hasta el infinito. En una parte de esos 412 kilómetros cuadrados, miles de bólidos cruzan la gruesa capa de sal del desierto a casi 1.000 kilómetros por hora, y compiten en las llamadas Speedways. Como en la mítica serie de dibujos setentera Wacky Races, también conocida como Los autos locos. Parece que vaya a salir de uno de esos cacharros una Penélope Glamour o un Pierre Nodoyuna. Y no va muy desencaminada la cosa.

La llanura de 121 km2 es famosa por la Bonneville Speedway, celebrada cada agosto, donde desde 1912 conductores temerarios corren en bólidos que vuelan por la planicie hacia el récord Guinness. 

En la actualidad, la extracción de sal y la minería han degradado severamente la superficie y han reducido tanto la longitud como la calidad de la sal necesaria para alcanzar un ritmo de récord. Sin embargo, se siguen celebrando las competiciones y siguen dejándose allí el caucho de las ruedas.

El nuevo trabajo de Alexandra Lier muestra todo esto: la gente, los espectadores, la ciudad, las tiendas donde comprar el material, las personas que construyen los bólidos... y todo con un solo propósito: conseguir que el espectador sienta que forma parte de este mundo de velocidad, motor y combustible.

Esta fotoperiodista alemana ha dedicado diez años a retratar la cara más personal de estas competiciones. The World’s Fastest Place es un trabajo de investigación en forma de libro y de documental de 90 minutos, que cuenta la historia de hombres de 80 años que construyen vehículos artesanales con forma de cohete en sus garajes.

Personalidades inspiradoras, cuya estética recuerda a la divertida y entrañable pareja de ‘viejos’ que aguarda con sombrero y escopeta en su porche de casa americana en El secreto de los McCann (2003), que muestran a través de sus vivencias, sus historias y su día a día que nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para encontrar una verdadera pasión y el verdadero significado de la vida.

Sus vidas son sus bolidos de carreras, esos cacharros que perfectamente podrían confundirse con pequeñas naves especiales que rompen la barrera del sonido.

El combustible que les hace estar siempre en la línea de salida se nutre de la ambición de ganar, la amistad y la devoción. Toda una generación de “buscadores de velocidad que aprecian el olor a gasolina y aceite como el mismo aire que respiramos” que prácticamente no conocen otra cosa.

Se han criado y han crecido entre ruedas y volantes, y Alexandra Lier lo plasma a la perfección con esta serie de retratos que recoge su último trabajo y que se adentra en las vidas de legendarios personajes como el diseñador de bólidos Jack Costella, el rápido motociclista Ralph Hudson o el conductor de bólidos Don Biglow.

The World’s Fastest Place no es un libro cualquiera: la velocidad, la potencia y la original estética de estos coches y sus creadores resuenan literalmente en sus páginas, donde la experiencia se amplia con un código QR que incorpora el sonido real de los vehículos y te transporta al mismísimo salar de Utah.

Esta fotoperiodista alemana ha dedicado 10 años a retratar la cara más personal de estas competiciones.

Alexandra Lier viaja cada año a un evento de carreras para homenajear a través de la fotografía a estos viejos maestros del arte del motor. A su pasión y a su persistencia. Y a sus cacharros. 

Un ejemplo de esta pasión lo tenemos en el mencionado Jack Costella –foto superior– un hombre que nació en Santa Cruz (California) en 1935. Desde su primera experiencia como conductor en 1969 ha construido 11 coches de carreras. Ahora, con 80 años, ha alcanzado nada más y nada menos que 15 récords de velocidad, y no piensa parar. “La gente se pregunta si mis vehículos son submarinos o planeadores. Son la imaginación y la innovación lo que me ayuda a seguir adelante”. En la imagen, Costella posa en su garaje junto a uno de sus coches de carreras y su sinfín de herramientas y artilugios. 

Jack Costella es uno de los protagonistas de la historia que narra la fotoperiodista alemana en The World’s Fastest Place. Este hombre de 80 años diseña coches de carreras tremendamente originales, y lo más sorprendente de todo es que los construye en su propio garaje. Además, también ha debutado como conductor: participó en la Bonneville Speedway de 1969

Otro protagonista es Ralph Hudson (66) –foto inferior– que la fotoperiodista inmortalizó en el momento exacto en el que el estadounidense se colocaba con su motocicleta en la línea de salida del salar junto a su amigo y jefe de equipo Ted Silver.

De los cientos de personas y equipos que llegan a las speedways a registrar sus ‘cacharros’, Hudson es casi siempre el más rápido. Han sido muchas las competiciones en las que este motociclista de California ha batido todos los récords.

Así ha resumido Lier su experiencia: "Amo a toda esta gente y tengo un gran respeto por lo que hacen. Mis fotos muestran a la comunidad los automóviles y su naturaleza, y espero que todo el mundo se dé cuenta de lo que es estar allí. El paisaje es diferente a cualquier cosa que hayas visto antes, es como un mundo totalmente aparte. Parece nieve, pero hace calor. Si caminas sobre la sal, es crujiente. Unas veces está seca, otras veces es pegajosa"

Puedes echar un vistazo al trabajo de Alexandra Lier en www.speedseekers.de o en su Instagram: @alexandralier

Vía: Esquire.es