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Force India y la pérdida del ‘timing’ perfecto de la venta

Un mal comienzo de temporada puede evitar lo que se vaticinaba como una gran venta.

Force india 01

Force India es un ejemplo a seguir dentro de la Fórmula 1, especialmente en lo que a equipos privados se refiere. El equipo desembarcó en el Gran Circo en 2008, como se suelen hacer las cosas, adquiriendo una estructura ya existente en apuros, en su caso, Spyker F1 Team, que antaño fue Midland F1, que nació de las cenizas del equipo Jordan. Y como en tantos casos, se acude a gente experimentada por muchos fracasos que acumule.

Pasados los primeros complicados años, el equipo se asienta dentro de la Fórmula 1, va introduciendo su personal de confianza y se hace un nombre. En el caso de Force India, ya con el VJM03 consiguió meterse de forma habitual en los puntos, situación que no ha abandonado con el paso de los años, ni con cambios de reglamento técnico, ni variación de pilotos.

Force India ha logrado de forma ocasional subir al podio, quizás lo máximo a lo que puede aspirar un equipo privado, pero más importante si cabe es la forma en la que han ido escalando posiciones poco a poco en el mundial de constructores hasta asentarse en la cuarta posición de forma estable, llamando mucho la atención su temporada 2017, donde de 40 oportunidades, solo se ausentaron de los puntos en cinco ocasiones. Constancia de equipo campeón.

Y no fue sencillo llegar a la situación de esta pasada temporada 2017, con el propietario del equipo con innumerables problemas con la justicia, extradiciones pendientes, y con el pasaporte retirado, lo que le impedía cualquier presencia en Gran Premio más allá del de Gran Bretaña, con las limitaciones para realizar cualquier tipo de negocio que ello presenta.

Los dirigentes del equipo eran conscientes de la situación. Con equipos como McLaren, Renault o Williams empujando por detrás, iba a ser complicado mantener en el tiempo el cuarto puesto conseguido durante los dos últimos años, y con los problemas de Vijay Mallya, una jugosa venta parecía la mejor opción.

Mucho se ha hablado de esta hipotética venta durante pretemporada. Desde que ya estaba hecha, a anuncio inminente, sin olvidar la presentación del equipo en Montmeló, con evidentes huecos y espacios en blancos en carteles del equipo, así como camiones, como esperando a que el nuevo propietario pusiera su nombre. Nada de eso llegó, y el equipo comenzó la temporada con mismo nombre y colores.

Los peores temores de Force India, equipo que solía pedir anticipos de los cobros de la FOM para hacer frente a sus pagos, se hicieron realidad esta temporada, y el VJM11 está lejos de tener la competitividad que tuvieron sus dos últimos antecesores, y a pesar del podio logrado por Sergio Pérez en Bakú, no se puede obviar que el equipo solo ha puntuado en cuatro de las doce ocasiones posibles, muy lejos de anteriores registros, y que en constructores, se encuentran por detrás de Renault y McLaren, en un sexto puesto que económicamente, es mucho menos jugoso que el cuarto.

Los rumores de venta siguen rodeando al equipo, y detrás de la marcha de Vijay Mallya de la dirección del equipo no se esconde más que una maniobra para dotar al equipo de más legitimidad de cara a futuros compradores que la que da el ser una empresa dirigida por un hombre con una orden de extradición pendiente y el pasaporte retirado. Force India pudo haber realizado una jugosa venta en su mejor momento, pero ahora, su valor ha caído en picado.

Tanto, que incluso se rumorea que el futuro del equipo podría pasar por la absorción de la estructura por parte de Mercedes para tener un segundo equipo, algo que a buen seguro no traerá más rentabilidad económica para los propietarios que la garantía de que se mantendrán en marcha la empresa, tal y como ocurrió tiempo atrás con Minardi y Red Bull.

Sin duda, el equipo perdió el momento, y los propietarios lo recordarán por mucho tiempo. Ahora solo queda sentarse y esperar a ver qué sucede antes, si la mil veces anticipada venta del equipo, o el mil veces anticipado cambio de nombre. También se admiten apuestas de que nada cambiará.