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¿Debería el Dakar excluir a Kees Koolen?

¿Por qué las acusaciones sin fundamento caen en saco roto? ¿Crea esto un peligroso precedente debido a la gran publicidad sin consecuencias generada?

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Y todo fue un montaje. Un enojado piloto de quads llegó al campamento y lo primero que hizo fue a contarle la película a una comisaria. La llevó hasta el quad y le enseñó unos aparentes desperfectos. La comisaria, que escuchó pacientemente y anotó sus quejas, no se pronunció, no habló, lo que quizás fue tomado por el holandés como signo de incredulidad.

Koolen sabía que debía pulir su historia, y por supuesto, hacerla mediática. Antes de que ASO se pronunciara, ya se sabía que este millonario empresario había presentado una reclamación de nada menos que cinco páginas, no solo contra Sainz, sino contra varios vehículos que también pasaron por ahí sin auxiliar al piloto, que, repetimos, llegó a meta sin inconveniente.

Cuando la prensa le preguntó sobre que auxilios necesitó, Koolen ya habló de que había volado por los aires, y de forma orgullosa enseñaba un arañazo en su brazo, del que te hace una rama paseando por el campo una soleada mañana de domingo. Su historia se volvía más rocambolesca, pero una reclamación contra el líder de carrera no había pasado inadvertida, y ya había llamado la atención de la prensa a nivel internacional.

ASO, de forma gravemente errónea, optó por la solución salomónica. 10 minutos de sanción para Sainz, que no repercutían en su carrera, y el holandés tenía la sanción que había solicitado. Obviamente, Sainz y Peugeot se negaron a cargar con una sanción por conducción potencialmente peligras, y Koolen orgulloso soltó un discurso en el que “muerto” fue la palabra más repetida, donde explicó que un Peugeot le había golpeado a toda velocidad, que le hizo volar por los aires, y que ni siquiera se disculpó. Acabó su exposición afirmando que él tiene un ejército de abogados mejores que los de la propia organización, y que no dudaría en usarlos. La solución salomónica amenazaba con retrasar los resultados del Rally hasta la reunión de la ASO en París, y al mismo tiempo, Koolen amenazaba con sus abogados.

En un gesto de cordura, a alguien se le ocurrió hacer lo que se debería haber hecho desde el principio, pedir datos, datos de telemetría del vehículo, del iritrack, y cotejarlos, para ver qué es lo que había pasado. Y los datos no dejaron muy bien al empresario.

Se confirmó que Sainz había pulsado el Sentinel hasta en cuatro ocasiones, la primera de ellas, a 330 metros. Se confirmó que el vehículo del piloto español bajó la velocidad de 162 kilómetros por hora a alrededor de 55 kilómetros por hora, cuando rodaba tras el quad, velocidad a la que se mantuvo el quad hasta que se detuvo. Desde Peugeot afirman que Sainz adelantó al quad a una velocidad de 37 kilómetros por hora. Dirección de carrera afirma que el quad seguía parado cuando 25’’ más tarde llegó el segundo Peugeot, remprendiendo después su marcha.

Los comisarios, con estas evidencias, deciden retirar la sanción al considerarlo un incidente de carrera, aunque tras el ridículo de la primera sanción, se apostillan en decir que Sainz podría haber originado cierto peligro, sin incidir más en el tema.

Los datos confirman que no hubo colisión, que Koolen no voló por los aires tras ser golpeado por un Peugeot a toda velocidad, y que no hubo omisión de auxilio de otros participantes, pues el piloto simplemente se encontraba encima de su quad, el cual pudo continuar en carrera tras no sufrir daños, de nuevo, contrario a la versión del neerlandés.

Una mentira de un piloto ha provocado un gran revuelo, una sanción injusta, un lío mediático y ha hecho trabajar extra a comisarios, equipos y abogados. Un peligroso precedente para un multimillonario, que no le interesaba a nadie deportivamente hablando, y que de la nada ha sacado no menos de cuatro días de publicidad, en la que se han comentado los numerosos negocios de los que es accionista, incluyendo Toyota Overdrive, los máximos rivales de Sainz y Peugeot. Solo queda preguntarse por qué el Dakar no ha excluido, o al menos sancionado duramente al que con una mentira ha provocado todo. Y también queda preguntarse qué ocurre con esos comisarios que impusieron sin pruebas una sanción, y qué criterios se siguen en estos casos.