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Fernando Alonso, ahora sí, ante el reto de las verdaderas 500 millas de Indianápolis

El piloto asturiano, ahora sí, se está enfrentando de lleno a todo lo que significa la histórica carrera americana.

Fernando alonso indy 2019 01

Cuando un piloto tiene el talento que acostumbran a tener los grandes campeones, se les suele proporcionar el mejor material. Habitual es ver cómo grandísimos pilotos llegan al Dakar con material de primera proporcionado por un fabricante, superando el reto sin problema, mientras que a un piloto amateur le puede llevar tranquilamente cuatro o cinco intentos el acabar el Rally. En esos casos, se suele decir que el piloto en cuestión no ha conocido el verdadero Dakar.

Fernando Alonso contó con la ayuda del equipo Andretti en su primer desembarco en las 500 millas de Indianápolis, en 2017. Y fue un año que salió extraordinariamente bien. Andretti lleva, casi de forma literal, toda la vida compitiendo en estas pruebas, y además llevaba varias temporadas acertando de lleno con la configuración. Alonso se pudo beneficiar directamente de todo esto, yendo rápido desde el principio y con altas posibilidades de luchar por la victoria de la carrera.

Y es que lo verdaderamente extraño fue precisamente lo de 2017 y no tanto lo de 2019. Un piloto necesita adaptación, y sobre todo encontrarse en un equipo que de con la tecla. Poco importa que en Indycar haya un único modelo de chasis y solo dos motoristas, pues el equipo tiene mucho que decir y sus conocimientos más que transcendentales.

La historia de las 500 millas de Indianápolis está repleta de sucesos difíciles de entender. Sin ir más lejos, en la temporada 2013, se pusieron en pista 34 vehículos, por lo que uno se quedaría sin competir en las 500 millas. Un equipo veterano como el de la estructura de Rahal Letterman Lanigan Racing puso a disposición del veterano Michel Jourdain un vehículo, que sin embargo parecía tener diferentes problemas.

El equipo cambió la configuración del coche en numerosas ocasiones. Lo probaron prácticamente todo, e incluso en último día, en pleno Bump Day, el propio Graham Rahal se subió a ese chasis para ver si podía arrojar algo de luz. Fue peor, pues se bajó diciendo que el coche era inconducible. RLL comunicó que no iban a intentar clasificar el vehículo definitiamente. Equipo con experiencia, piloto de garantías, y un fiasco difícil de entender. Pero esto es Indy, donde nada tiene una respuesta sencilla.

Lo verdaderamente extraño, fue lo de 2017, y no tanto lo de este año

Fernando Alonso está saboreando en este 2019 las complicaciones por las que antaño pasaron la mayoría de los pilotos que luchan año tras año por la victoria. Nada fue tan fácil como en 2017, y esto acabó traduciéndose en un fortísimo accidente. Aunque McLaren ha fichado a grandes nombres para liderar la estructura de Indycar, aun tiene mucho que aprender para estar a la altura de Ganassi, Andretti, Penske o incluso equipos más familiares que en Indianápolis funcionan de forma espectacular, como la de Ed Carpenter.

Ver cómo la estructura de Ganassi reparó el vehículo de Felix Rosenqvist, que quedó en un estado similar al de Fernando Alonso, en un tiempo prácticamente ridículo puede llegar a ser hasta doloroso. Al fin y al cabo, los chicos de Chip se han enfrentado a este reto de forma continua en los últimos años, mientras los de McLaren están aprendiendo a trabajar entre ellos. 

Resulta incluso difícil de aceptar, pues si hay algo de lo que es consciente Fernando Alonso, es de que no tiene 20 años y el tiempo juega en su contra, pues tendrá que afrontar el reto con un número de intentos limitado. Pero era previsible que algo así pudiera ocurrir. Y lo cierto es que McLaren lo sabía, Alonso lo sabía, y la Indycar lo sabía. No se ha engañado a nadie.

Alonso necesitará algo más que un milagro para tener oportunidad de victoria en esta edición. Estrategia extrema a pie cambiado, acertar con el combustible, los neumáticos, y que la suerte de las banderas amarillas esté de cara. Pero eso es lo bonito de Indianápolis, que un amplio abanico de pilotos afronta la carrera con posibilidades de victoria.

A buen seguro, Fernando aprenderá a sufrir con esta edición mucho más de lo que lo hizo en 2017, una edición que le curtirá y que le preparará para ediciones venideras. Un paso amargo que todos prefieren saltarse, pero que en cierta manera es necesario. Y ahora, nadie podrá decir que Alonso no se a enfrentado a las verdaderas 500 millas de Indianápolis, a las de sufrir e incluso tener miedo de quedarse fuera en la sesión de clasificación.