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Prueba Citroën C3 Aircross 1.2 PureTech 130: De monovolumen a SUV

De monovolumen a SUV, este es el camino que ha recorrido el C3 más amplio y práctico, anteriormente denominado Picasso y ahora Aircross. Muchas diferencias plantea frente a su antecesor pero quizá sean sus similitudes las que le den más puntos en un segmento en el que distinguirse cada vez es más complicado.

Citroen-c3-aircross-delantera-1

Fue una de las primeras en abrazar el concepto del monovolumen hasta hacerlo suyo y es que Citroën, ha despachado millones de unidades de sus Xsara, C4 y C3 Picasso en las dos últimas décadas. Sin embargo, los tiempos cambian y consciente de la moda SUV que impera ahora, la marca doble chevrón despidió recientemente a esta mítica saga a la vez que apuesta por introducir modelos como este C3 Aircross, que reemplaza al más pequeño de los Picasso.

Definitivamente, no queda sitio en la ciudad para los típicos urbanos y utilitarios, acorralados por imponentes SUV y crossover compactos pero, ¿realmente suponen una ventaja frente a éstos o estamos sólo ante una moda que puede ser pasajera? De momento, empecemos por analizar uno de los puntos fuertes de estos modelos frente a sus competidores más tradicionales –compactos y ‘minivolúmenes’–: la imagen.

Fabricado en la planta zaragozana de Figueruelas para todo el mundo, el Citroën C3 Aircross presenta un inconfundible aire off road pero no supera los 4,15 metros de largo y los 1,82 de largo; unas dimensiones realmente compactas que nos cuesta creer de entrada. La clave es una estatura considerable: 1,64 metros, pero también una serie de elementos estéticos como los parachoques ensanchados, las defensas de plástico que integran los mismos en su parte inferior –tanto los delanteros como los posteriores–, los marcados pasos de rueda o las barras longitudinales del techo. Si a todos estos detalles les añadimos la ventaja de contar con una cintura y un capó realmente elevados, tenemos como resultado un modelo que transmite mayor solidez y seguridad que un turismo convencional.

Después, por otro lado, nos encontramos con sus múltiples opciones de personalización. ¡Hasta 90 combinaciones de colores están disponibles para esta carrocería, techo, espejos retrovisores, ventanillas posteriores o otras molduras! El objetivo de Citroën no es otro que el de garantizar a sus clientes un coche único, pese a que su precio sea realmente asequible, tal y como te mostramos en nuestro Instagram.

Nuestra unidad para la prueba a fondo que estás leyendo, no contaba precisamente con ninguna de las decoraciones más estridentes y aún así reunía tres colores en su exterior: el blanco de la carrocería y los vinilos de la ventana posterior, el gris de los retrovisores, las barras del techo y las defensas de los parachoques y el negro de los plásticos protectores, las molduras de los faros y pilotos o los detalles de las llantas. Después, la estética general de este Aircross te puede gustar más o menos, pero lo que es incuestionable es que está trabajada al máximo y que el vehículo, resulta moderno y llamativo. Es uno de esos coches que tus vecinos reconocen como nuevo al primer vistazo, incluso los más profanos en esta materia.

Aparente por fuera –y por dentro–

La apuesta por el diseño es incuestionable y lo mejor es que todo el colorido y originalidad que transmite su exterior tiene continuidad en un habitáculo que nos conquista más si cabe en un aspecto que puede resultar crucial: la habitabilidad. Desde el asiento del conductor ya percibimos ciertas ventajas frente a otros competidores de este segmento B-SUV como como los numerosos compartimentos y huecos porta objetos disponibles, una notable sensación de amplitud y una postura de conducción especialmente relajada gracias a que los asientos disponen de una banqueta corta, alta y plana. Es cierto que a cambio no ofrecen apenas sujeción lateral, pero son agradecidos a nivel de confort, especialmente para personas de talla grande que en la mayoría de vehículos de este tipo no terminarán de sentirse cómodas. 

El amplio espacio percibido continúa en la zona posterior donde nos encontramos con una práctica segunda fila de asientos igualmente plana, pero que además, puede desplazarse longitudinalmente hasta en 15 centímetros, siempre en proporción 60/40. Es cierto que en su posición más adelantada sacrificamos todo el espacio para las piernas, pero en general y sobre todo para viajar con niños, es una solución muy agradecida. Por supuesto, los anclajes Isofix para las sillitas infantiles están incluidos y el equipamiento dispone incluso de unas prácticas cortinas para las ventanillas posteriores que –además– se bajan por completo. Nada que ver con las del Cactus que recordemos, sólo se abren mínimamente –en compás–. La sensación que se tiene al viajar en la parte trasera de un coche y otro es diametralmente opuesta pese a contar ambos con la misma batalla –2,60 metros– y la misma longitud exterior, 4,15 metros.

Su vocación es mucho más familiar y hallamos la confirmación en un maletero realmente aprovechable. Su acceso es generoso, sus formas regulares y declara 410 litros de capacidad que se pueden convertir en 520 manteniendo las 5 plazas si desplazamos las traseras hacia delante de forma longitudinal o en 1.289 si las abatimos, algo que podemos hacer en proporciones 60/40 aunque también podemos tirar la plaza central hacia delante de forma individual, para albergar objetos alargados o usarla de reposabrazos central. Además, el doble fondo de este cofre nos deja elegir dos alturas, una más baja en la que logramos su máximo volumen y otra más elevada que permite dejar una superficie de carga prácticamente plana al abatir los asientos. Además, resultan prácticos detalles como su generosa iluminación, sus ganchos para anclar bolsas o el porta-bandejas especialmente diseñado para esta función.

Resulta especialmente importante resaltar que este el C3 el que es bastante más confortable que el C4 Cactus en todos los aspectos, pese lo que insinúen sus números.

Sólo algunos detalles chirrían en el notable interior del C3 Aircross y son relativos a la ergonomía. La pantalla de 7 pulgadas, por ejemplo, queda algo lejos del alcance del conductor y su manejo no es todo lo rápido que desearíamos. Lo mismo sucede con el freno de mano que nos obliga a empuñar un pomo enorme y a tirar de él hacia nosotros. Uno de accionamiento eléctrico, hubiera resultado mucho más indicado para un coche de su tipo y encajaría mejor con el ambiente tecnológico que nos brindan elementos como el head up display o la pantalla a color del cuadro de mandos, elementos que por cierto, cumplen con su función de forma impecable.

La iluminación interior del habitáculo y todas las zonas de uso común también es satisfactoria, aunque no sucede lo mismo con la exterior. Cuando cae la noche, esperamos contar con un haz de luz más potente que nos guíe en las carreteras más oscuras en un C3 Aircross que presume de cuatro grandes grupos ópticos delanteros. Pero no es así, sus faros halógenos cumplen con suficiencia cuando reciben el apoyo de los antinieblas –en las curvas– pero se muestran algo insuficientes en las rectas más largas, quizá por su ubicación –en la zona inferior– o porque algunos de sus rivales nos acostumbran ya a contar con faros led o xenón más potentes que Aircross, por cierto, no puede equipar ni en opción a día de hoy.

Un comportamiento dinámico más que digno

En cualquier caso, al margen de estos detalles, el SUV urbano de Citroën se revela como un excelente rodador y en carretera abierta, mantenemos un buen ritmo sin penalizar en exceso el consumo ni acusar demasiado el cansancio. Pero la sorpresa mayor nos la llevamos en los tramos más revirados y es que pese a su vocación familiar, su altura libre al suelo y el confort que brinda su suspensión, ésta se encarga de contener los movimientos de carrocería en las curvas con una notable entereza e igualmente, valoramos la acción de un control de tracción que mitiga algunos subvirajes sin que apenas nos demos cuenta.

Sólo se echa en falta una dirección algo más rápida y comunicativa para avanzar con mayor destreza en los puertos de montaña, al igual que un mejor tacto en los frenos que por otro lado, de potencia y resistencia van sobrados, gracias a los discos ventilados del tren delantero y a los macizos del posterior. Pero si algo agradecimos en la zona más divertida de la prueba fue la respuesta del motor 1.2 PureTech de 130 caballos, un tricilíndrico que empuja bien desde abajo y que podemos estirar por encima de las 5.500 vueltas. Es estimulante y sobre todo efectivo pues su par máximo –230 Nm– está disponible desde sólo 1.750, zona desde la que se muestra vigoroso y progresivo hasta el corte. Incluso, lo apreciamos un punto más refinado que en su versión de 110 caballos, seguramente por esta curva de par más lineal, aunque a nivel de sonoridad y tacto general también resulta agradable. El cambio de marchas manual de seis velocidades, con desarollos bien ajustados y un manejo intachable, resultó ser también un aliado perfecto para el propulsor de este C3 Aircross, toda una garantía por mucho que aumentemos sus 1.263 kilos aprovechando su volumen de carga.

Asociado a un buen cambio manual de seis marchas, el 1.2 PureTech de 130 caballos es recomendable tanto por rendimiento como por refinamiento y consumo.

Conclusiones

Definitivamente estamos ante uno de los coches con mayor vocación familiar de su tipo y es que no sólo es preferible a un C3 normal o un C4 Cactus, también resulta más práctico que los modernos Kia Stonic, Hyundai Kona, Seat Arona, Mazda CX-3 y un larguísimo etc, mientras que en carretera ofrece un tacto de guiado más burgués que éstos pero al tiempo, sorprende por la estabilidad que demuestra y las prestaciones del 1.2 PureTech de 130 caballos, ligado a un buen cambio manual de seis marchas. Es cierto que lo normal es gastar entre 6,5 y 7 litros de combustible a los 100 km/h con esta mecánica y que los diésel de potencia similar de PSA son algo más parcos en consumo, pero por rendimiento, suavidad y ecología puede ser preferible a éstos y desde luego, a las variantes de 82 y 110 CV con las que se ofrece este motor en la gama del C3 Aircross. El gasto medio en ambas es similar y su rendimiento y finura disminuye notablemente. Además la escasa diferencia en el precio base de ambos –700 euros menos para el 110 en relación al 130– te ayudará a decantar la balanza. Por cierto, los 17.750 euros de este modelo en su acabado básico son absolutamente tentadores.

A favor: Espacio y modularidad del interior. Rendimiento y finura del 1.2 Puretech de 130 caballos. Eficacia del GripControl.

En contra: Algunos detalles de ergonomía. Alumbrado de carretera mejorable. Insonorización del habitáculo.