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Conducimos el Subaru XV: Seguro de sí mismo

Desarrollado sobre una nueva plataforma, el Subaru XV 2018 es más capaz que su predecesor y mejora sustancialmente en los apartados de confort y seguridad. Lo hemos puesto a prueba en carretera pero ¿seguirá dando la talla fuera del asfalto?

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Pocos fabricantes cumplen mejor con la definición de SUV ­–vehículo deportivo utilitario– que Subaru. Con la creciente popularidad de este tipo de automóviles, es difícil encontrar alternativas que den la talla tanto dentro como fuera del asfalto; pero la marca japonesa tiene mucha experiencia en este ámbito y, con el lanzamiento del nuevo XV, pretende seguir siendo la referencia de la categoría.

Estéticamente los cambios realizados son mínimos y es, en esencia, una evolución que mantiene los rasgos de diseño del modelo anterior, aunque en este caso adoptando elementos más modernos como los faros frontales led, los pilotos traseros ensanchados o una parrilla delantera más agresiva. En cuestión de comportamiento sí debemos decir que estamos ante una revolución. Seis años después del lanzamiento de la primera generación, el todocamino más compacto de la firma se ha propuesto mejorar los argumentos de su predecesor y, para ello, ha combinado las señas de identidad de Subaru con la última tecnología desarrollada por los ingenieros nipones. De esta forma, la tracción total permanente simétrica –Symmetrical AWD– y los motores bóxer se mezclan con los últimos sistemas de seguridad y con un bastidor inédito que promete mejorar sustancialmente el comportamiento en todos los terrenos.

Se trata de una plataforma modular que le permite aumentar la batalla respetando las cotas exteriores, lo que unido al crecimiento de las vías se traduce en un habitáculo más ancho que proporciona más espacio para los pasajeros y el equipaje –el maletero alcanza 310 litros–. La mayor rigidez del bastidor también ayuda a reducir las vibraciones que se transmiten al volante, los asientos o el suelo de la cabina. El esfuerzo también se ha centrado en rebajar el centro de gravedad aunque, la altura libre al suelo sigue siendo de 22 centímetros, una cifra digna de auténticos todoterreno y muy superior a la de cualquier rival.

El Subaru XV presume de una altura al suelo de 22 centímetros, la mejor de todo el segmento

El resto de mejoras se centran en la dirección, que pasa a ser más rápida y precisa, y en la ergonomía y el confort del interior. Además de un diseño más estilizado y actual, el salpicadero, la consola central o los paneles de las puertas utilizan materiales de mayor calidad. El progreso es rotundo en este apartado y la percepción de calidad es notable gracias a los plásticos blandos, los ajustes impecables y la ausencia de crujidos o vibraciones incluso cuando conducimos por caminos muy bacheados.

La disposición de los mandos es buena y queda todo a mano. Dos pantallas a todo color aportan información sobre el vehículo –incluso el grado de inclinación de la carrocería en conducción offroad– y permiten gobernar el sistema de infoentretenimiento, mientras que el panel de instrumentos muestra datos adicionales a través de un tercer display ubicado entre el cuentakilómetros y el tacómetro. Los asientos han sido rediseñados y ahora son cómodos, pero Subaru también se ha preocupado de otros detalles como la climatización, ahora más potente y efectiva para aclimatar el interior sea cual sea la temperatura exterior.

En lo referente a la tecnología, el salto ha sido sustancial. El sistema Subaru Starlink permite conectar dispositivos Apple y Android a través de Apple CarPlay y Android Auto, pero los avances más significativos se concentran en el apartado de seguridad. El XV ha obtenido las mejores puntuaciones en los test japoneses y, por supuesto, las cinco estrellas en el EuroNcap europeo.

En gran medida, ha sido posible gracias al Subaru EyeSight, un sistema multifunción de seguridad que pasa a formar parte del equipamiento de serie en todas las variantes. Entre otras cosas, incluye frenada de emergencia, alerta y asistente de mantenimiento de carril, aviso de ángulo muerto, control de crucero adaptativo, Active Torque Vectoring ­­o control dinámico del vehículo VDC. También ayuda el X-Mode, una función que mejora la tracción en condiciones de baja adherencia, como barro o nieve, y se completa con el control de descenso de pendientes.

En el plano mecánico, el XV cuenta con los conocidos motores bóxer gasolina de 1.6 y 2.0 litros, ambos atmosféricos de cuatro cilindros y ligados a un cambio de marchas de tipo CVT –no hay opción de una caja manual–. En el caso del bloque de menor potencia –114 caballos–, la transmisión tiene seis relaciones prefijadas, mientras que el más capaz –156 caballos– cuenta con siete velocidades y levas en el volante. Los dos propulsores cumplen con la normativa de contaminación Euro6C y, gracias a elementos como el Start Stop, arrojan consumos razonables para un vehículo con tracción total permanente, si bien este no es su punto fuerte.

Con la segunda generación del XV desaparecen el motor Diesel y los cambios manuales del catálogo. Sólo estarán disponibles los 1.6 y 2.0 gasolina con cambio CVT

Todos estos avances se percibe nada más iniciar la marcha. El XV sigue siendo igual de manejable dentro de la ciudad, aunque a la hora de hacer maniobras se agradece la mayor ligereza de la dirección. Nuestra toma de contacto tuvo su punto de partida en el centro de Madrid y nos llevó por autovía y carreteras secundarias hasta una finca ubicada en medio del campo. En asfalto apreciamos una pisada más firme, aunque lo más significativo es el trabajo realizado a nivel de confort; la mayor insonorización del habitáculo y la reducción de ruido llevada a cabo en el cambio CVT contribuyen a incrementar la comodidad a bordo y a que los viajes por carretera sean más llevaderos.

Por ahora, sólo hemos podido ponernos al volante de unidades equipadas con el motor de 2.0 litros y 156 caballos. Se trata de un propulsor suave y agradable que entrega la potencia de forma muy lineal, aunque el cambio CVT le ‘lastra’ a la hora de afrontar fuertes aceleraciones o recuperaciones incrementando notablemente los niveles de ruido. Por otra parte, la transmisión ayuda a conseguir esa linealidad en la entrega de potencia y, a pesar de la sonoridad en las circunstancias mencionadas, es efectiva y muy cómoda en el día a día.

Lo mismo sucede con la suspensión. No hay posibilidad de variar su dureza, pero su comportamiento es excepcional tanto en carretera como en conducción todoterreno. Dentro del asfalto filtra bien las irregularidades del terreno y presenta un buen compromiso entre firmeza y comodidad, evitando balanceos de la carrocería y absorbiendo de manera magistral los baches.

En zonas más complicadas es capaz de digerir grandes obstáculos mientras preserva el confort de los pasajeros. A lo largo de la prueba tuvimos la oportunidad de realizar un circuito offroad con grandes pendientes, barro y algún que otro desnivel. El XV logró completarlo sin apenas inmutarse, y es que la efectividad de la suspensión y la tracción total le permiten afrontar trayectos por los que no pasarían muchos de sus rivales. Mención aparte merecen el X-Mode y el control de descenso, muy útiles cuando el terreno es especialmente resbaladizo o toca afrontar pendientes con mucha inclinación.