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Al volante del Ferrari Portofino: ahora sí, un verdadero cavallino

El sucesor del California cuenta con todo lo necesario para consolidarse no sólo como un buen GT sino como un digno miembro de la familia Ferrari. Más potente, más equilibrado y más atractivo.

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Reconozcámoslo, el Ferrari California fue sobre el papel una interesante idea: un modelo de acceso a la marca que incorporaba, por primera vez en la casa italiana, un techo duro retráctil y que puso la marca Ferrari al alcance de nuevos clientes. Y lo hacía rememorando a aquellos clásicos modelos convertibles de la marca más enfocados a una conducción tranquila por carretera que a la pista. Sin embargo, la realidad fue que para los aficionados de la marca -incluso para el propio Sergio Marchionne- el Ferrari California no se sentía como un Ferrari de pleno derecho.

Todo esto ha intentado solucionarse en su sucesor. El nuevo Ferrari Portofino -que toma su nombre de un pueblo costero del norte de Italia- ya muestra otro aire en su misma estética: es más agresivo y tiene un aspecto más “masculino” que el California, con nervios más pronunciados a lo largo de la carrocería y una alargada trasera tipo fastback. Y su atractivo se mantiene tanto en su modo coupé como 14 segundos después con el techo duro escondido tras el maletero. En el interior, un puesto de conducción puesto al día con más tecnología, destacando una elegante pantalla táctil situada entre los dos asientos delanteros y otros dos detrás, aunque mejor tener a mano un médico y una camilla si vamos a sentar ahí a dos adultos durante un buen rato.

El motor es el mismo que impulsaba al California T, un V8 turbo aunque con una pequeña renovación en forma de nuevos pistones y colectores de admisión y una mayor presión del turbo. Con esta actualización el motor sube de los 552 a los 591 CV de potencia y llega acompañado de una transmisión automática de siete velocidades como única opción disponible, nada de manual -el California tuvo esa opción durante un corto periodo de tiempo y según Ferrari tal vez tres clientes la pidieron-. Con esos 39 caballos extra y tras una sesión de dieta que se ha traducido en casi 80 kilos menos se ha conseguido mejorar en una décima la aceleración en el 0 a 100 con respecto al California y sus 3,6 segundos. No parece mucho, pero el Portofino se siente aún más rápido.

Para manejar esa velocidad, un diferencial electrónico de deslizamiento limitado, normalmente instalado en los deportivos de motor central de Ferrari, pero nunca tan delante, funciona en conjunto con el sistema de control de tracción y amortiguadores magnetorreológicos para una conducción más firme al tomar las curvas. La presión del turbo se maneja electrónicamente para asemejarse más a las sensaciones de un motor atmosférico, así en las marchas más bajas el V8 del Portofino ofrece un buen empuje a partir de las 4.500 rpm que invita a llegar a la línea roja en las 7.500 rpm mientras que en las tres marchas más altas se ofrece más par en una curva algo más progresiva. Eso permite al Ferrari aprovechar las marchas altas ahorrando de esta manera más combustible y de paso le permite hacer frente a los tramos de autopista en pendiente sin tener que preocuparse de tocar la leva izquierda. Aunque puede encontrarse el Turbo Lag si lo buscas, la sensación general es la de llevar un gran V8 atmosférico bajo el capó.

No obstante el Portofino sigue adoleciendo de un sonido falto de notas altas, aunque es más variado en esta ocasión poniendo menos énfasis en los bajos. Y gracias a unas mariposas del escape que ahora ofrecen un control más preciso hay menos de ese molesto volumen intermitente del aullido de los Ferraris viejos que hacía que una simple subida en un par de kilómetros convirtiera el sonido del motor en una especie de sirena.

El Portofino es el segundo Ferrari con motor delantero, tras el 812 Superfast, que incorpora una dirección asistida eléctrica. No te hace temblar los dedos con feedback de la vieja escuela pero sin duda transmite, es precisa y está conectada a la carretera. Con todo, ese feedback que ofrecen las ruedas delanteras a través de los neumáticos resulta tranquilizador ya que hay mucho agarre, y el control más preciso coloca al Portofino en un término medio entre el modelo base y la versión con el paquete Handling Speciale. Seguramente acabemos viendo una suspensión más deportiva para el Portofino, pero el punto de partida que tenemos delante resulta más que suficiente para la gran mayoría de futuros clientes que buscarán mantener el confort a la hora de conducir.

De hecho si por algo resulta atractivo este Ferrari Portofino es por su falta de concesiones. Sí, elegiríamos antes un 488 para devorar una carretera sinuosa, pero eso en este caso sería pensar en otra clase de coche. Porque incluso más allá de ser 28.000 euros más barato, el éxito de ventas del California demuestra que hay muchos clientes que, de otro modo, buscarían un Bentley Continental GT o un Mercedes-AMG de gama alta y que encuentran este coche seductor y a la vez agradable y por supuesto menos intimidante que un deportivo de motor central que parece recién salido del parc fermé de Le Mans.

Para ese tipo de conductores, que buscan el confort de marcha antes que una conducción deportiva, el Ferrari Portofino debería ser una elección aún más sencilla e inteligente que la que fuera en su día su predecesor. Se ve mejor y va mejor que el California y sobre todo se ve mucho más Ferrari, por lo que no tendrás que dudar tanto a la hora de revelar a qué modelo pertenecen tus llaves con la insignia del cavallino rampante. Y todo esto lo hace sin renunciar al carácter amigable y la facilidad de uso que ayudaron a que el California se convirtiera en el modelo más vendido de Ferrari. Se trata sin duda de un coche que a Enzo le gustaría haber tenido para su día a día.