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Probamos el Ford Fiesta 1.5 TDCI 120 CV: El niño que se hizo hombre

Sin duda es uno de los utilitarios referentes del segmento debido a su comportamiento, agilidad, equipamiento y tecnología. Lo hemos estado probando a fondo durante un buen número de kilómetros y estas son nuestras impresiones.

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Suena el despertador, ya son las 8:00 de la mañana. El día se presenta cerrado y la previsión anuncia una lluvia que no cesará en las horas siguientes. Puede parecer otro más pero una llamada recibida unas horas antes hace que sea algo diferente. Al bajar a la calle soy consciente de que voy a encontrarme con mi nuevo compañero de viajes para los próximos días, y efectivamente allí está. A medida que me acerco voy vislumbrando un utilitario de color gris, con una parrilla delantera que me resulta familiar y unas ópticas halógenas con luces diurnas LED, llamadas a guiarme durante la semana.

Estaba seguro del coche que tenía delante. Esa carrocería renovada y unas dimensiones que han aumentado respecto a las de su antecesor son las señas de identidad del nuevo Ford Fiesta. Su sistema de apertura sin llave me permite acceder al interior con sólo tocar el sensor de la maneta. De inmediato uno se da cuenta del gran paso hacia delante que ha experimentado el superventas de la marca del óvalo. La madurez se nota desde el primer minuto al levantar la mirada y encontrarse con una pantalla táctil central de ocho pulgadas –algo inaudito en la anterior generación – rodeada de los botones justos para su correcto manejo, sin olvidar una mayor amplitud, una calidad de rodadura mejorada y una dotación tecnológica importante. El resto del habitáculo es completamente diferente y con él, su diseño exterior. Por cierto, nuestro ejemplar cuenta con el acabado Titanium.

Su longitud ha pasado de los 3,97 a los 4,04 metros; la anchura aumenta un centímetro colocándose en el 1,73, mientras que la altura disminuye otros dos y se conforma con 1,47 m. Como vemos, son variaciones que no son muy significativas sobre el papel pero que sin duda se notan a la hora de ponerse a los mandos. Sabíamos que su predecesor era ágil y divertido, características que este Fiesta no ha perdido, ofreciéndonos un chasis que supera con creces los esfuerzos recibidos por parte del motor diésel 1.5 TDCI más enérgico, unido a una caja de cambios manual de seis relaciones.

Nuestro ejemplar incorporaba la mecánica diésel más potente, es decir, el 1.5 TDCI de 120 CV. Este ofrece unas prestaciones muy buenas y un consumo discreto.

Si hablamos del confort en marcha, este le debe parte de su éxito a unos asientos delanteros ergonómicos que nos sujetan muy bien, aunque quizás la posición de conducción sea algo elevada. Tienen reglaje en altura y también permiten ajustar la zona lumbar a nuestro antojo. De manera opcional, se puede optar por unos calefactables como así fue nuestro caso. Sin embargo, en los traseros no disponemos de todo el espacio que nos gustaría, aunque éste tampoco resulta escaso del todo. Es cierto que el acceso a las plazas posteriores es algo complicado y la movilidad de una persona puede verse limitada a la altura de las piernas pero no obstante, dos adultos de 1,80 metros pueden viajar sin problemas. El maletero, por su parte, tiene unos 300 litros de capacidad, con un suelo profundo y una boca de carga no muy alta. En este sentido, no tendrás problemas para transportar tu maleta o todas las compras del ‘super’ pero cabe mencionar que nuestra unidad no contaba con rueda de repuesto y que en su lugar se ubicaba un subwoofer que restaba espacio. Este sistema es el perteneciente a un espectacular sistema de audio de 10 altavoces y 675 vatios de potencia firmado por Bang & Olufsen que es opcional –950 euros– y ofrece un sonido envolvente, muy intenso y sólo los más atrevidos serán capaces de ajustar el volumen en sus niveles más altos.

Uno de los detalles que no nos terminó de convencer del todo es el reposabrazos. Su ubicación no resulta cómoda ya que no puede adelantarse todo lo que debería para permitirnos mantener una posición cómoda en ruta. Al menos, es de serie en este acabado. Junto a éste encontramos un amplio espacio portaobjetos que presenta una bandeja superior retráctil y un puerto USB en el fondo (el otro se ubica al lado de la palanca de cambios). Además, el Fiesta ofrece otros compartimentos situados en los paneles de las puertas y en la consola central, sin olvidar una guantera que es bastante generosa y cuenta con un rincón específico para almacenar el manual del coche.

Si bien es cierto que las plazas traseras no destacan por su espacio y accesibilidad, las delanteras llaman la atención por todo lo contrario.

El volante de tres radios está forrado en piel y presenta una serie de mandos a ambos lados. A la derecha encontramos los controles para el control de crucero adaptativo, mientras que los de la izquierda permiten manejar el sistema de infoentretenimiento SYNC III – compatible con Apple CarPlay y Android Auto – y una pantalla digital situada en el cuadro de instrumentos que nos ofrece información sobre nuestro viaje, una brújula y permite configurar tanto los asistentes de seguridad como las ayudas a la conducción. Nuestra unidad contaba con detector de vehículos en el ángulo muerto, alerta por cambio involuntario de carril con detector de fatiga, sistema de aparcamiento asistido, control automático de luces en carretera, reconocimiento de señales de tráfico, cámara de visión trasera, limitador de velocidad ajustable, asistente de precolisión, alerta del tráfico cruzado y el control de crucero adaptativo. Este último resulta muy cómodo en viajes largos, permitiéndote circular al ritmo del vehículo de delante, realizando las funciones de acelerar y frenar con suavidad. 

Su motor es el más potente dentro de los de gasoil, situándose por encima de la variante de 85 caballos que utiliza el mismo bloque. En gasolina se oferta con el 1.1 Ti-VCT de 85 CV y el EcoBoost de 1.0 litro con distintas potenciaciones (100, 125 y 140 CV). Todas ellas a la espera del más deportivo de todos, el ST. Pero centrémonos en el que ocupa el vano motor de nuestro ejemplar. Lo primero que tengo que decir es que su rendimiento es bastante bueno. A pesar de tener dos válvulas por cilindro y un único árbol de levas, es un propulsor que ofrece la potencia suficiente como para llevar una conducción relajada, realizar adelantamientos con rapidez y ofrecer un consumo muy contenido.

Empuja con decisión y determinación desde las 1.750 revoluciones, régimen donde ofrece su par máximo de 270 Nm, hasta las 3.600 vueltas aproximadamente. Es bastante elástico y divertido de conducir, ya que la potencia va a estar en tu pie derecho siempre que quieras y sus recuperaciones son bastante aceptables. Además, su consumo de combustible se adapta perfectamente a nuestras intenciones. Si buscamos un ritmo suave y moderado, el display digital situado en el cuadro de instrumentos marcará en torno a los cuatro litros, y aunque apretemos un poco más la marcha, le costará subir de los cinco. A ello contribuye un modo denominado ‘Eco’, el cual ralentiza la respuesta de motor y nos permite ahorrar unas décimas.

Se nota que el Ford Fiesta ha madurado y lo decimos tanto por su equipamiento, como por su comportamiento en carretera.

Como decimos, la transmisión es manual. Sus relaciones son más bien largas y el tacto de guiado que ofrece es bueno, con unos recorridos no muy largos y un pomo ergonómico que facilita las labores del cambio. Al lado de la palanca encontramos una serie de botones que nos permiten desconectar el control de tracción, sistema Start/Stop o el modo Eco. Nuestro ejemplar equipaba el sistema de aparcamiento asistido en perpendicular y paralelo, con los respectivos sensores situados en el paragolpes delantero y trasero, por lo que se añaden dos botones adicionales.

Una vez en marcha, el Ford Fiesta se nota como si fuese de mayor tamaño. Su confort en marcha y estabilidad son propios de un segmento superior, algo que le debe a la excelente puesta a punto de su chasis y a una suspensión que trabaja perfectamente.  Con una configuración tipo McPherson en el eje delantero y de rueda tirada en el trasero, permiten que el Fiesta se adapte perfectamente a la carretera. Quizás los amortiguadores sean algo duros pero nunca llegan a ser molestos para conducir por la ciudad. No importa la velocidad que lleves dado que siempre te transmite una gran sensación de seguridad, incluso al tomar las curvas. En este sentido, parece que el Fiesta disfruta enlazando virajes a un lado y al otro, soltando ligeramente el eje trasero si decidimos afrontar una curva con gran decisión, mientras que la parte frontal parece disfrutar recibiendo todo el protagonismo. Con este tipo de conducción, los neumáticos Michelin Primacy 3 (195/55 R16) tienen que dar lo mejor de sí mismos, y a decir verdad lo hacen. Llega un punto en el que te avisan de que el agarre está llegando a su fin y tendrás que ser tú quien se encargue de reconducir la trazada a base de giros de volante y toques de acelerador.

Otro de los elementos que contribuye a la hora de ofrecer una conducción segura es el equipo de frenos. En el eje delantero cuenta con discos ventilados de 262 milímetros, mientras que en el trasero los tambores dejan paso a unos macizos de 252. Su comportamiento es correcto y el pedal sensible, aunque debemos avanzar en su recorrido para realizar detenciones con determinación. La dirección está asistida eléctricamente y presenta un tacto algo duro. No es ni muy rápida, ni muy lenta, aunque no transmite todo lo que nos gustaría debido al tipo de asistencia que incorpora. Pese a ello, con unas 2,5 vueltas de volante entre topes, hace que el Fiesta realice giros con agilidad.

En conclusión, Ford ha creado un producto completamente nuevo de gran calidad que ofrece unas sensaciones al volante muy buenas y una seguridad que no pasa desapercibida. Con este coche te sentirás relajado y disfrutarás de la conducción que te brinda en el día a día, además, su amplio abanico tecnológico y sus sistemas de seguridad harán que te olvides de sus dimensiones y pienses que estás en un modelo superior. Todo ello manteniendo un tamaño ideal para circular por ciudad pero también para realizar viajes largos por autopista. Y para aquellos que busquen una conducción más deportiva, tranquilos porque este coche no le tiene miedo a las curvas.

A favor: Comportamiento, agilidad, prestaciones, consumo.

En contra: Plazas traseras, postura de conducción elevada, reposabrazos.