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Conducimos el Jeep Wrangler Rubicon: Verdaderas aventuras

Fiel a su espíritu de todo terreno puro, una nueva generación del Wrangler se lanza en septiembre con dos nuevos motores: un 2.2 diésel de 200 caballos y un dos litros gasolina de 270 que llegará un mes más tarde.

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Algunos dicen que el nombre Jeep viene de las letras iniciales de General Purpose (Gi - Pi en inglés) nombre con el que el ejército estadounidense pidió los primeros prototipos. Otros dicen que se debe al personaje de los dibujos de Popeye llamado “Eugene the Jeep” pero sea cual sea su origen, lo cierto es que se ha convertido ya en un icono que, traspasando los límites de marca o vehículo, sirve para definir genéricamente al tipo de todoterreno que todos tenemos en mente.

En 1941 el ejército estadounidense pidió a los fabricantes un vehículo de 'poco peso', dimensiones reducidas y gran versatilidad. Tres de ellos, Ford, Willys y American Bantam aceptaron el reto y en 40 días presentaron su propuesta llegando a fabricar 1.500 unidades de cada uno. La elección final recayó en Willys y el Jeep se convirtió en el vehículo que, sin duda, fue clave para ganar la segunda guerra mundial. Las más de 360.000 unidades que se fabricaron para la contienda se quedaron en su mayor parte en Europa y fueron reconvertidas en vehículos de todo uso. A partir de esta base se han ido sucediendo varias generaciones con un denominador común: hacer fácil su uso fuera de las pistas convencionales.

El nuevo Jeep presenta 2018 trae importantes novedades mecánicas, pero conservando el espíritu original y detalles que han perdurado con el paso del tiempo, como son la parrilla delantera de siete rejillas, los faros redondos actualizados con tecnología LED o el estilo exterior cuadrado y compacto que caracteriza a este rey de los todo terrenos puros.

En el interior nos encontramos con un puesto de conducción alto que nos da visibilidad sin límites de todo el entorno. Los asientos, ahora con apoyo lumbar regulable, son más confortables de lo que cabe esperar de una filosofía todo terreno y en asfalto permiten desplazamientos largos sin cansancio a pesar de que ni la suspensión ni los neumáticos grandes ayudan en este aspecto.

El tablero de a bordo con nuevos materiales de mayor calidad y aspecto ofrece ahora dos pantallas digitales que pueden llegar a las 8,4 pulgadas y que permiten controlar los datos del vehículo y la navegación. La situada en el cuadro de instrumentos dispone de más de 100 modos diferentes de configurar la información ofrecida. Entre los asientos destacan las palancas de la caja de cambios y la reductora con un guiño a sus orígenes en forma de perfil del Willys original en el pomo.

Su filosofía aventurera permite retirar el techo y puertas de manera fácil, así como abatir el parabrisas para poder disfrutar a pleno aire libre.

Disponemos de una caja de herramientas para realizarlo y un hueco especifico para guardar los tornillos individualmente y evitar que se pierdan.
Los motores, de cuatro cilindros, van unidos a una caja automática de 8 relaciones que responde de manera rápida y eficaz. Si lo preferimos podemos manejarla manualmente de forma secuencial con la misma palanca del cambio.

Empezamos el recorrido por carretera, camino de una trialera. El comportamiento es mejor que el que se puede esperar de un vehículo con el centro de gravedad bastante alto. El motor responde con alegría y las relaciones de la caja de cambios son lo suficientemente largas para permitirnos viajar a velocidades más parecidas a un turismo que a un todo terreno. Se nota una mejora con la nueva dirección de asistencia eléctrica (antes era hidráulica) que responde con suavidad y que nos permite “notar” el trazado de la ruta, aunque transmite una cierta sensación de falta de control, debido más a los neumáticos grandes de pista que a la propia dirección. Y se nota en la absorción de baches. El chasis de largueros y travesaños de acero de alta resistencia junto con la suspensión dura y de gran recorrido van a restar un poco de confort al viaje en zonas de piso irregular, pero esto, junto con unos consumos en carretera por encima de los 8,5 litros es el precio que hay que pagar para disfrutar aún más cuando salgamos del asfalto.

Una vez en la tierra, desconectamos electrónicamente la barra estabilizadora delantera para dar más recorrido a la suspensión y ponemos la reductora que nos sitúa en modo 4X4 con los diferenciales de bloqueo delanteros y traseros preparados para ayudarnos a pasar por cualquier parte. ¡Y vaya si pasamos! Gracias a su altura de vadeo de 76 centímetros y sus ángulos de ataque y salida de 44 y 37 grados respectivamente no hay obstáculo que se resista. Enseguida nos damos cuenta de que incluso en el modo de propulsión dos ruedas y como mucho con la tracción total en relaciones largas podemos solventar la mayoría de subidas y “trampas” que podemos encontrarnos incluso en zonas complicadas. En varias ocasiones a lo largo del recorrido la cabeza nos pide dar la vuelta frente a obstáculos a primera vista insalvables, que se revelan fáciles de superar gracias a las cualidades intrínsecas del Wrangler.

El rey de los todos terrenos sigue siendo espectacular en su hábitat natural y ha mejorado sensiblemente en sus prestaciones y comportamiento en carretera.

A FAVOR:

Capacidad todo terreno, mejora de equipamientos, prestaciones en carretera

EN CONTRA:

Tacto dirección, consumos reales, precio