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Jorge Lorenzo nos prueba el Alfa Romeo 4C: Lo mejor de Esparta

Guerreros inagotables, así son el Alfa Romeo 4C y su probador de excepción, Jorge Lorenzo. Espartanos, como él gusta decir, de los que ponen orden. Por eso lo probamos en su configuración de Coche de Seguridad oficial del Mundial de Turismos.

La propulsión del 4C es una auténtica delicia y su estética, la de un 'juguete' al que amaremos siempre.

No es fácil sacarle una sonrisa al volante a alguien que está acostumbrado a superar los 300 km/hora bajo el minúsculo carenado de una MotoGP, alguien como Jorge Lorenzo, cuatro veces campeón del Mundo y líder de los Espartanos, como se autodenominan los miles y miles de seguidores que admiran sus gestas desde la grada. Además de su profesión, de la que es un denodado perfeccionista, su debilidad son los vehículos: incluso ha disputado algunas carreras, entre las que destaca una victoria de clase en las 24 horas de Montmeló. Por eso no es extraño que ahora se haya convertido en embajador de Alfa Romeo, una marca consagrada precisamente a la pasión por la conducción.

Un par de jornadas en Balocco le sirvieron para tomar contacto con la gama del biscione, y de allí recogimos sus impresiones del Alfa Romeo 4C, el nuevo y ultraligero deportivo de motor central de la casa italiana, un guerrero espartano como Jorge que, ya os lo anticipamos, hizo sonreír al Campeón.

GUARDIÁN DE LA SEGURIDAD

A unos 1.200 kilómetros de Balocco, otro 4C desciende de un tráiler en el Circuito Ricardo Tormo de Valencia. No es una unidad cualquiera, sino la que ejercerá de coche de seguridad del Mundial de Turismos –WTCC, sus siglas en inglés– y que será pilotada por el portugués Bruno Correia, que aguardaba al pie de la rampa con un punto de tensión y, de nuevo, la compañía de CAR and DRIVER. El veterano piloto, un hombre de confianza de la FIA, se prestó a compartir con nosotros los primeros kilómetros de la que será su montura durante toda la temporada. Sus sensaciones y las de Jorge son básicamente las que alimentan esta prueba.

Lorenzo quedó sorprendido con el sonido: "Suena muy distinto a otros deportivos", dijo de la cortísima línea de escapes inspirada en la competición.

Correia matiza: "Es casi igual que los vehículos del Mundial, escúchalo bien", decía mientras seguía con aparente facilidad a Sébastien Loeb, una de las estrellas del campeonato. Es cierto: en parado parece que rueda a escape libre y, ya en marcha, se escucha con claridad el soplido del turbo. A mí, sin embargo, me impactó más que pudiera mantener un ritmo tan elevado con tan poco rodaje en este Alfa: "Entra muy bien en curva, parece que mejor cuanto más rápido llegas". Bruno sabe, como nosotros, que las masas se reparten en proporción 40-60 entre el eje delantero y el trasero –algo similar a un Porsche 911 de hace un par de generaciones–. Jorge Lorenzo también: "Se nota que está hecho para divertirse mientras conduces", dice en pleno contravolante. Para controlar el derrape le basta una dirección muy precisa y sin asistencia y la potencia del motor 1.750 turboalimentado que grita justo detrás del cogote. Es básicamente el propulsor que monta el Giulietta TBi, pero muy modificado, con bloque de aluminio y admisión y escape propios. Su tremenda fuerza en baja nos permite maquillar los errores que cometemos al volante, aunque a los pilotos nos les hace falta. Lorenzo y Correia disfrutan más de los medios, también contundentes:"Me sorprende la aceleración y, quizá, aún más la frenada", dice Jorge. En la salida de las curvas le asiste el diferencial electrónico Q2–simple pero efectivo–, y la ligereza está de nuevo de su parte cuando echa el pie al freno, con pinzas de cuatro pistones en las ruedas delanteras. Nunca echaron en falta más potencia, porque antes de estirarlo al máximo llegaba la siguiente curva en ambos circuitos, Balocco y Cheste.

Bruno y Jorge coincidieron al señalar que el selector DNA, que ajusta la reactividad del bloque, la transmisión, la dirección y el control de tracción, es un botón casi mágico. Alternaron entre las posiciones Dynamic y la Race –que desconecta los controles de tracción y estabilidad–, y no encontraron fisuras al esquema de suspensión. La única queja de ambos pilotos fue para el cambio TCT: "Es demasiado bueno", dijo Bruno, en claro tono bromista. Lo cierto es que clava las reducciones y sólo echamos de menos más reactividad si elegimos el programa Natural en el DNA, algo impropio en circuito. Dispone además de un efectivo launch control, como el Giulietta y el MiTo.

VUELVE EL 'CUORE SPORTIVO'

Todo parece muy sencillo a bordo, hasta que Jorge Lorenzo pone un punto de cordura: "Todo el mundo dice que es más difícil ir en moto que en coche, pero con modelos tan prestacionales como éste, y no hablemos de la F-1, lo que cuesta es lograr ese último medio segundo por vuelta. Yo todavía no lo he buscado con el 4C". Y Bruno coincide palabra por palabra: "Cabecea muy poco, balancea menos todavía. Voy a necesitar entrenar en todos los circuitos para conocerlo a fondo". Es algo que forma parte de su tarea como piloto del coche de seguridad, para luego mantener un ritmo elevado y que los bólidos neutralizados no sufran por falta de refrigeración, mientras él recibe continuos mensajes por radio sobre el accidente que ha forzado su intervención en pista, ya sea la situación de grúas o ambulancias que eventualmente. Es más, Correia también tendrá que aportar su criterio sobre el estado de la pista en caso de aguacero monzónico. Él y las habilidades del 4C tendrán que emitir informes sobre cuándo la pista está lista para reanudar la competición. "Es un trabajo más exigente de lo que parece, me alegro de contar con un coche como el 4C".

Jorge Lorenzo, mientras tanto, ya se ha bajado. "Alfa tiene una historia muy dilatada y su evolución a lo largo de las décadas es un reflejo del espíritu de superación del hombre. Siempre han fabricado cupés bonitos, pero cada vez más rápidos". Ha quedado impresionado por sus líneas puras y, asimismo, por su concepto extremo, con chasis monocasco de fibra de carbono, un interior que permite escuchar cada combustión y hasta cada piedra de grava que golpea el fondo del coche cuando nos salimos de un piano."Un deportivo como éste es lo más cercano que hay a una moto de carreras". Piloto y máquina son auténticos espartanos: desprecian lo superfluo, luchan, son firmes y severos. Buscan la esencia. Y eso, para un Alfa Romeo no puede ser otra cosa que recuperar su esencia racing, la belleza de la eficacia. Le preguntamos a Bruno si el 4C es el primer safety car más rápido que los coches a los que 'controla':"No puedo contestar a eso, pero es muy veloz". Lorenzo, mientras tanto, sonríe.