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Prueba Kia Sportage 1.6 GDi: Por su propio camino

Dispuesto a competir con nuevos argumentos en uno de los segmentos más complicados del mercado, el Sportage estrenó en su cuarta generación numerosos avances. Hemos tomado su variante más asequible, la 1.6 de gasolina, para medir su comportamiento en esta prueba a fondo.

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Llegó a uno de los segmentos más complicados del mercado, dada la competencia existente, pero este Kia siempre ha sido uno de los SUV medios más elegidos. Ahora, su cuarta generación ha supuesto un gran avance con respecto a la versión precedente, algo que percibimos ya a primera vista.

El Kia Sportage es el modelo más vendido de la marca en Europa y en su última entrega ha aumentado su batalla hasta 2,67 metros y también la longitud de su carrocería, hasta los 4,4 metros. Estas nuevas cotas se traducen en una habitabilidad mejorada, sobre todo en lo que se refiere al espacio para las plazas traseras y al maletero, con más de 500 litros de capacidad. Concretamente son 503 y se pueden ampliar hasta los 1.480 litros si abatimos los asientos traseros, algo que podemos hacer en proporción 60:40. Además de avalado por estos datos, el diseño bastante uniforme permite aprovechar el espacio y la apertura del portón facilita cargar objetos voluminosos. 

Desde el punto de vista estético, esta cuarta generación tiene una línea agradable y moderna que permite contar con un vehículo actual y bien resuelto. Para aquellos que busquen un plus en este sentido existe una versión GT que enfatiza el carácter deportivo e incluye algunos componentes específicos como por ejemplo unas desmesuradas llantas de 19 pulgadas.  

Las imágenes que ves son de nuestra unidad de pruebas, equipada con el motor 1.6 GDi, el conocido bloque atmosférico de gasolina desarrollado por Kia que cuenta con inyección directa y una potencia de 132 caballos. Hay otra versión turboalimentada que alcanza los 177, aunque es más costosa y presenta un consumo medio superior. Además de este motor, nuestro Sportage contaba con tracción delantera y cambio manual de seis velocidades aunque opcionalmente, puede equipar tracción integral y cambio automático. 

La imagen moderna del exterior se completa con un habitáculo bien resuelto en el que la ergonomía es la nota dominante. El cuadro de mandos está correctamente organizado y los controles quedan bastante a mano. La habitabilidad es buena y cuatro adultos viajarán con total comodidad, dado que el espacio es suficiente. Sólo en la plaza central trasera la anchura es más limitada y por tanto ésta, sólo es recomendable para trayectos cortos. 

Los asientos delanteros son cómodos y anchos, perfectos para realizar largos viajes, proporcionan además una posición correcta y buena visibilidad. La postura al volante es bastante parecida a la de un turismo, sin necesidad de que el conductor esté situado especialmente alto, pero gozar de una perfecta visión del entorno. Para completar o personalizar el interior podemos recurrir a las diferentes opciones de acabado. Hay tres disponibles que permiten elegir por ejemplo entre dos sistemas multimedia, ambos con pantalla táctil de siete u ocho pulgadas. En cualquier caso la visión de la pantalla es clara y no se producen molestos reflejos que dificulten ver la información que proyecta.  Su manejo se puede realizar de forma táctil o desde el volante, algunas funciones. 

Los asientos delanteros son cómodos y anchos, perfectos para realizar largos viajes, proporcionan además una posición correcta al volante con una buena visibilidad. 

Una vez adaptados al interior llega el momento de iniciar la marcha. Lo primero que llama la atención es la insonorización del habitáculo, si bien es verdad que estamos ante la versión de gasolina. El ruido que llega al interior es mínimo. El motor al ralentí es muy silencioso y apenas se producen vibraciones pero hasta aquí las ventajas de este propulsor gasolina de inyección directa. Como contrapartida, se echa en falta más potencia, algo que se debe achacar al tamaño de este SUV, más que al motor propiamente dicho dado, disponible en otros modelos de la marca.

Este bloque 1.6 GDi es avanzado desde el punto de vista tecnológico. Resulta muy suave en su utilización y sube bien de revoluciones, si bien penaliza en las recuperaciones. Si queremos aprovechar toda la potencia disponible, debemos elevar el régimen de giro hasta las 4.000 revoluciones para conseguir ‘mover’ el Sportage con cierta agilidad, lo que repercute en el consumo final. Recurrir al cambio no resulta ningún problema dado que tiene un buen tacto con un accionamiento de la palanca correcto y unos recorridos aceptables dado el carácter del vehículo. 

En carretera el Sportage muestra un comportamiento bastante ágil para tratarse de un SUV. Tanto la suspensión delantera como la trasera son independientes –esta última multibrazo– y presentan un tarado más bien firme, especialmente para tratarse de un SUV. Permiten buenos apoyos en curva sin que se produzcan los típicos y molestos balanceos de la carrocería en trazados sinuosos como en confort de marcha para los ocupantes. Para aquellos que busquen una conducción menos enérgica esta suspensión podría resultar algo incómoda en firmes que presenten un mal estado. Este buen trabajo del sistema de amortiguación se completa con un nuevo bastidor más rígido perfectamente puesto a punto. 

La dirección no transmite muchas sensaciones, aunque esto es algo bastante común en el segmento, donde la mayoría de rivales optan por un grado de asistencia elevado para facilitar las maniobras en tráfico urbano. No es especialmente directa pero suficiente dado el carácter del Sportage. 

Nuestra unidad de pruebas montaba una llantas de 17 pulgadas con neumáticos 225/60 R 17, que si bien desde el punto de vista estético aportan un plus atractivo, resultan algo excesivas para la potencia disponible y restan algo agilidad en carretera y sobre todo, prestaciones.   

Esta falta de potencia a medio y bajo régimen es mucho más acusada si viajamos cargados aunque el en día a día, en ciudad, no plantea ningún problema. En este contexto el propulsor se muestra muy agradable dado que vibra muy poco y resulta suave en su utilización. Además, la visibilidad y el buen radio de giro del Sportage nos permiten maniobrar con él con una facilidad muy superior a la prevista.

En carretera el Kia Sportage tiene un comportamiento bastante ágil para tratarse de un SUV. 

En autopista y vías rápidas el Sportage es un buen devorador de kilómetros, una vez lanzado permite mantener una buena velocidad de crucero con un consumo relativamente contenido, siempre por encima de los siete litros de media y más cerca de los ocho.

En cuanto a la conducción off road, no es muy recomendable aventurarse por zonas demasido complicadas dada la limitada distancia al suelo y la ausencia de tracción total aunque un detalle a destacar es el control de descenso electrónico que equipa y que permite rodar por pendientes pronunciadas sin fatigar los frenos, algo que agradecerán aquellos que cuenten con garajes de difícil acceso o con rampas especialmente pronunciadas. ¡Qué más vas a pedirle a un SUV tan asequible como éste, a la venta desde 19.370 euros!

A favor: Estética general. Habitabilidad interior. Maletero. Estabilidad en curva. Precio.

En contra: Respuesta del motor a medio y bajo régimen. Aptitudes off road limitadas.