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Prueba Mercedes B 200: Más cool, menos familiar

En tiempos duros para los monovolúmenes, nada como ponerse a los mandos de uno de los que más y mejor han defendido este concepto frente a los cada vez más extendidos SUV. Pero un momento, ¡cuánto ha cambiado este Clase B! Analicémoslo al detalle.

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En la primera década de los 2000, si había un segmento de moda en el mercado europeo era sin duda el de los monovolúmenes. Tanto las familias más acomodadas como los jóvenes con una mínima visión de futuro, apostaban por un tipo de vehículo realmente aprovechable, de compactas dimensiones y gran espacio interior. La primera marca de alta gama que se dio cuenta de ello, fue precisamente una de las que más y más clásicas berlinas tenía en el mercado: Mercedes.

En Stuttgart no dudaron en aprovechar el chasis de su último Clase A –el de segunda generación– para crear un modelo superior pero con las mismas características. Así, en 2005 llegó a nuestro mercado un Mercedes Clase B que no tardó en afianzarse como la alternativa lujosa a los Renault Scénic o Citroën Picasso del momento, pero también a los hatchback más prácticos de la ya entonces llamada clase premium, especialmente el Audi A3 Sportback cuyas cotas de longitud y anchura eran incluso algo superiores.

La fórmula no tardó en revelarse todo un éxito, refrendado poco después por una segunda generación que llegó en 2011, justo cuando Mercedes vivía su gran transformación, lo que le valió un diseño todavía más vistoso y un chasis más sofisticado, el del primer Clase A de corte deportivo. Ahora, en esta tercera entrega, el Clase B no deja lugar a la duda y se muestra orgulloso de haber continuado evolucionando en esa misma dirección. Más cool y menos familiar que nunca, rechaza incluso esa denominación “monovolumen” y se siente más cómodo con el término “sport tourer” de los anglosajones. Pero basta, más allá de las etiquetas, ¿de qué tipo de vehículo estamos hablando?, ¿cómo es este nuevo Mercedes Clase B?

Formato panorámico

En su afán de estilizar su figura al máximo, el Clase B siguió estirando su longitud y su anchura hasta alcanzar los 4,42 metros y los 1,80 respectivamente, pero también redujo su estatura hasta los 1,56 metros. No importa, en relación al ‘A’ actual, sigue siendo 11 centímetros más alto y aunque se nota bastante más voluminoso que sus antecesores, curiosamente es ahora cuando no es ni más largo ni más ancho que el propio Clase A. Incluso, el coeficiente aerodinámico sigue siendo brillante: 0,24 Cx que hablan muy bien de sus diseñadores que no solo han conseguido un vehículo proporcionado y atlético, también han logrado que presente una resistencia al aire asombrosamente baja.

Por tanto, estamos ante un Clase B más voluminoso que sus antecesores, sí, pero que con los estándares actuales sigue presumiendo de tamaño compacto hasta el punto de poder estacionar en los mismos huecos que su hermano pequeño y sin duda, resulta bastante más acogedor por dentro que éste, algo que no tardamos en apreciar pasando a analizar así, un área realmente interesante en un automóvil de este tipo.

El Clase B ha crecido notablemente en relación a sus antecesores, pero con todo y eso se aparca exactamente en los mismos huecos que un Clase A actual.

Entrar y salir de las plazas delanteras y especialmente de las traseras, de ambos modelos –por seguir con la comparación– es un proceso completamente distinto. En esta faceta el Clase B sigue siendo preferible a cualquier compacto, no solo a su hermano de gama, y porqué no decirlo, también a muchos SUV que se presentan como alternativa al mismo en el mercado. Sus puertas, de tamaño generoso, gran diámetro de apertura y construcción ligera, resultan realmente cómodas a la hora de abrirlas y a cambio, nos obligan a cerrarlas con un punto más de fuerza del habitual para que queden bien ancladas. Pero sin duda lo que más favorece es un habitáculo elevado que además, ofrece una mayor altura para la cabeza de los ocupantes, cinco centímetros en las plazas delanteras y hasta ocho en las traseras.

Esta característica beneficia a la visibilidad, pues el puesto de conducción sin ser exageradamente alto, sí que supera a la media de los turismos y garantiza una visión delantera excelente. De la misma manera, la posterior también es mejor que un Clase A gracias a la luneta trasera más amplia y a unos retrovisores de dimensiones generosas. El complemento perfecto son unos asientos delanteros ergonómicos, con buena sujeción lateral y con longitud de banqueta regulable, fantásticos para viajar y más que válidos también para zonas de curvas. En los traseros, la sensación de confort es igualmente notable, también por su forma y tapizado, pero sobre todo por las generosas cotas de altura, anchura y longitud que nos quedan para la cabeza, los hombros y las piernas respectivamente, superiores a las del modelo anterior. Sólo la plaza central es algo más escasa aunque habitable, gracias a que el túnel del suelo es mínimo y a que contamos con una buena ventilación e iluminación, algo que también se agradece.

En definitiva, estamos ante un habitáculo con más espacio para sus ocupantes que su antecesor y que presenta un aspecto general notablemente más avanzado, del que hablaremos más adelante, cuando analicemos su equipamiento, de modo que estarás deseando ver su maletero, ¿verdad? Bueno, pues sentimos decírtelo pero tendrás que conformarte con sus 455 litros de capacidad, hasta 33 menos que antes, para un cofre que ya había perdido otros 34 en el cambio generacional anterior. Sí, semejante transformación tenía que tener sus contras estarás pensando, pero a decir verdad hablamos de un defecto importante con un remendio sencillo: una banqueta deslizante longitudinalmente. Esta fue la solución que encontró el Clase B de segunda generación para contrarrestar este efecto y Mercedes prometió también para este nuevo modelo.

Cuando esté disponible, será uno de los extras que no podrás dejar de añadir porque permitirá variar el espacio disponible para pasajeros de la parte trasera y del equipaje según creas conveniente. Nosotros, en esta unidad de pruebas, tuvimos que conformarnos con abatir los respaldos de estos asientos –eso sí en proporciones 40-20-40 de serie– y aumentar esos 455 litros iniciales hasta los 1.540 litros de volumen total. Estamos convencidos de que esa regulación longitudinal de las plazas –de 14 centímetros según anticipó Mercedes– permitirá tener un maletero realmente práctico para el día a día, con hasta 705 litros manteniendo esos cinco asientos, una cifra brillante para este ‘B’ de última generación.

Sin la regulación longitudinal de las plazas traseras, el maletero resulta escaso: 455 litros por los 705 que podría alcanzar.

Volviendo al presente y más concretamente al volante de nuestro Mercedes B 200, si algo teníamos claro es que estábamos subidos en el coche más sofisticado y tecnológico de su clase. A este efecto contribuye su esmerado diseño, digno del mejor concept car del momento merced a una iluminación interior led que no solo ofrece una gran paleta de colores, también es capaz de dar vida a numerosos elementos del interior: desde los paneles de las puertas, a las formas generales de la consola central y el salpicadero. Hasta a las tomas de ventilación del habitáculo tienen luz propia y eso ¡que son nada menos que cinco!

Solo hay algo que llama todavía más atención en este interior y son las dos grandes pantallas flotantes que conforman el display informativo perfecto para el sistema MBUX y que se elevan sobre un salpicadero bien rematado, agradable a la vista y al tacto. El equipo opcional permite elegir unas de 10,2 pulgadas cada una, pero las que estás viendo son las 7’’, más que suficientes para ofrecer una lectura precisa tanto del cuadro de mandos –a la izquierda y con tres modos diferentes a configurar por parte del conductor– como de la pantalla multimedia –en el centro y con control táctil, mediante el touchpad de la consola, los mandos táctiles del volante y el asistente por voz ‘Hey Mercedes’–, casi nada.

A nivel práctico, debajo del salpicadero contamos con un hueco central con tres compartimentos que resulta útil, igual que el que se encuentra bajo el reposabrazos central. La guantera y los compartimentos de las puertas también ofrecen gran capacidad y sólo echamos de menos en un interior tan tecnológico un cargador inalámbrico para nuestro smartphone que en semejante ambiente, no debería faltar.

En ruta, su especialidad

El cambio generacional le ha valido a este Clase B un estilo más atlético y avanzado, pero sobre todo le ha otorgado un chasis más ligero y de batalla mayor, 2,73 metros. Bien, pues de estas dos características la que más se deja notar en carretera es la segunda, pues no tardamos en detectar un comportamiento general más aburguesado de lo esperado, que hace primar el confort sobre la deportividad.

Es cierto que estamos ante un automóvil suficientemente ágil en zonas de curvas, capaz de realizar cambios de apoyo con notable rapidez, favorecido por su citada ligereza –1.410 kilos en orden de marcha– pero también por un centro de gravedad más bajo de lo que pueda parecer; no obstante, cuando apuramos sus límites apreciamos cómo la carrocería balancea más de lo deseable, síntoma inequívoco de una suspensión menos firme que la de sus antecesores y con un esquema posterior simplificado, pues ha dejado de ser independiente para conformarse con un eje semi-rígido.

Con todo y eso, estamos convencidos de que esta característica satisfará a muchos clientes, especialmente a los acostumbrados a recorrer numerosos kilómetros en carretera abierta y ciudad. En estos ambientes, la amortiguación extra que ofrece este Clase B en relación a sus antecesores es un punto a favor incuestionable, pues le permite superar badenes con mayor entereza y filtrar cualquier irregularidad del terreno de forma más efectiva, algo que unido a una insonorización mejorada y a una aerodinámica más eficiente –como comentábamos más arriba–, le permiten posicionarse como un perfecto rutero. Sí, a cambio pierdes algo de mordiente y en los puertos de montaña, pero en este entorno sigue siendo un coche suficientemente estable y hasta ágil comparado con muchas de sus alternativas y en especial en esta versión B 200 que conducimos.

Corazón compartido 

Nos lo hemos dejado para el final, pero desde luego, no hemos elegido la mecánica de este modelo al azar. El Mercedes B 200 equipa uno de los propulsores que mayor expectación han despertado en los últimos tiempos, un moderno cuatro cilindros de gasolina con solo 1.33 litros de cilindrada pero que gracias a su sistema de turboalimentación desarrolla 160 caballos de potencia y entrega un par máximo digno de un diésel, 250 Nm constantes entre las 1.620 y las 4.000 vueltas. El propulsor en cuestión, desarrollado junto al grupo Nissan-Renault, está disponible en otros vehículos de ambas marcas y en algunos casos hasta con la misma transmisión, la 7G-DTC de doble embrague y siete marchas con la que lo hemos analizado.

Dejando a un lado las 'marquitis', lo cierto es que estamos ante una mecánica que le viene como anillo al dedo a este Clase B. Se trata de un motor enérgico, especialmente a medio régimen, silencioso, sobre todo en ciudad, y con unas emisiones de CO2 ejemplares: 128 gr/km. A cambio, es cierto que no ofrece la finura del 2.0 que monta el B 220 sin ir más lejos, pero declara sólo 27 caballos de potencia menos, presenta un rendimiento sensacional y mantiene unos consumos más bajos, especialmente si somos cuidadosos con el acelerador. El gasto medio oficial revela unos 5,6 litros/100 kilómetros, una cifra al alcance de tu mano en los trayectos de media distancia más cotidianos y con una conducción relajada. Mezclando tramos urbanos con tráfico y recorridos en autopista más largos, lo normal es gastar entre 6,5 y 7 litros a los 100, unas que nos parecieron realmente elogiables para el empuje que mantiene este propulsor en todo momento y que su cambio de doble embrague nos permite exprimir al máximo. De hecho, su aceleración de 0 a 100 km/h se cifra en 8,2 segundos y su velocidad punta en los 223 km/h.

El motor 1.33 presenta un tacto algo brusco en esta configuración de 160 cv, pero es un prodigido de la eficiencia.

Sus únicos defectos son la brusquedad en la entrega de potencia, especialmente acusada a la hora de maniobrar desde parado pero en ocasiones también al pasar de una marcha a otra en bajas velocidades y por supuesto, su escasa elasticidad, pues está lejos de ser un 'molinillo' en la zona alta de su cuentavueltas aunque esta cualidad en un modelo de enfoque rutero no es algo que pueda considerarse especialmente negativo. 

En definitiva...

Estamos ante un Mercedes Clase B más estiloso y confortable que nunca que ha ganado espacio para sus ocupantes a costa de aumentar sus cotas exteriores y sobre todo, de restar capacidad a su maletero. Pero también, tienes delante a ante un coche con una carga tecnológica muy elevada. Su mecánica de gasolina es realmente eficiente y puedes considerarla como una alternativa real a los diésel actuales, pues solo gastarás entre 0,5 y un litro de gasolina más a los 100 kilómetros a cambio de emitir menos gases nocivos. Pero también debes de tener en cuenta que este modelo equipa numerosas ayudas a la conducción: asistente de frenado en ciudad, alerta de fatiga del conductor, asistente de mantenimiento de carril –actúa sobre los frenos y la dirección–, control de velocidad crucero adaptativo con reconocimiento de señales sistema anti-colisión, sistema de visión 360º y un largo, etc. Todos estas ayudas agradarán más a quienes quieran sentir que su coche vela por su seguridad en todo momento, que a los que gusten de una conducción más libre, pues resultan bastante intrusivos. Pero es que el futuro ya está aquí y el Clase B tiene cuerda para rato.

A favor:

Acceso al interior y habitabilidad. Confort general de marcha. Mecánica eficiente y voluntariosa.

En contra:

Maletero. Asistentes a la conducción intrusivos. Comportamiento menos dinámico en curva.