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Prueba Mitsubishi ASX 160 DI-D: Rearmado para seguir en la brecha

En busca de un SUV compacto que sea práctico, manejable y realmente polivalente, nos hemos topado con este viejo conocido, un ASX que se renovó recientemente y que presenta ahora una relación calidad/precio/equipamiento como para tenerlo muy en cuenta. Eso hemos hecho.

Mitsubishi-asx-2018-dinamica-delantera

La primera vez que me subí a un Mitsubishi ASX fue hace exactamente ocho años, como prueba este link para mi propia sorpresa. ¡Cómo pasa el tiempo! En verano de 2010, el Nissan Qashqai era firme precursor y líder de una categoría en la que los veteranos Honda CR-V y Toyota RAV4 se esmeraban se esmeraban en readaptarse para pasar de ser todoterrenos ligeros a ‘crossover’ o ‘todocaminos’, términos entonces nuevos que ahora resultan de lo más manido pero que en cualquier caso, reflejan una filosofía que este hermano menor del Outlander, ha sabido interpretar desde su debut.

Ni el momento de su llegada pudo ser más oportuno, ni la fórmula más exitosa, de modo que un ASX que mezclaba elementos estéticos del venerado Lancer como su frontal, con otros técnicos tan afamados como la suspensión y la tracción 4x4 de los todoterrenos de la marca nipona, no tardó en situarse como una de las opciones predilectas en la categoría. Por supuesto, presumía ya de una carrocería de formas y proporciones compactas, así como de versiones básicas con tracción delantera; igual que esta con la que nos hemos reencontrado hoy y es que un modelo con un bagaje comercial tan importante no podía apagarse pronto.

Ahora, toda esa experiencia adquirida por Mitsubishi con este vehículo se deja notar desde nuestra primera toma de contacto con él. Con una parrilla delantera, un parachoques y unos grupos ópticos claramente rediseñados, el ASX sigue siendo reconocible a primera vista y a la vez, presume de un mayor número de elementos cromados y de líneas mejor definidas, todo ello conservando una longitud realmente contenida, de 4,37 metros. Pero esa primera impresión de coche más contrastado, más redondo, en definitiva, más hecho, era sólo el presagio de lo que íbamos a constatar a medida que se sucedían los kilómetros.

La sensación predominante es la de estar ante un coche más hecho que antes, con mejoras notables en todos los aspectos.

Bien acomodados en un interior con cinco plazas y materiales sencillos pero bien ajustados, no tardamos en apreciar, precisamente, la evolución que ha experimentado este habitáculo. La postura de conducción sigue siendo la misma, claramente elevada como en los 4x4 de la marca de los tres diamantes, algo que nos concede una buena visibilidad tanto delantera como posterior. Pero sin duda, lo más destacado es que desde el volante al equipo multimedia, pasando por el cuadro de mandos o la consola central, todos los elementos introducidos en el ASX configuran han contribuido a mejorar su imagen y ergonomía.

Tan sólo las clásicas ruletas del climatizador o la palanca del cambio manual, con su característico pomo en forma de trapecio, mantienen su lugar aunque son detalles que quedan eclipsados por las novedades que hemos citado y que –valga la redundancia–, han sido directamente importadas del Eclipse Cross, su más reciente compañero de gama y protagonista de una de nuestras últimas videopruebas. Los asientos también cuentan con un buen mullido y permiten adquirir una postura al volante cómoda de forma muy rápida, así que creerás que llevas mucho tiempo conduciendo este coche aunque acabes de empezar a probarlo.

Las plazas traseras cumplen también a nivel de longitud y altura, siendo esta segunda cota especialmente positiva. Como es habitual en este segmento, lo único que se echa en falta es algo más de anchura sobre todo en la plaza central, además de una iluminación que también es mejorable en esta zona del habitáculo. Con todo y eso, cuatro adultos viajarán cómodamente en este ASX y con bastante equipaje gracias a un maletero de 406 litros. Pierde 10 en relación al modelo previo al restyling y 24 frente a un Nissan Qashqai –por ejemplo– pero sigue siendo un volumen suficiente, como decimos, sobre todo porque bajo el piso del mismo nos encontramos con un hueco con espacio suficiente para instalar una rueda de repuesto que eso sí, no viene de serie.

Ya en marcha, lo primero que apreciamos es un nivel de rumorosidad bastante más contenido de lo esperado. Mitsubishi mejoró el aislamiento acústico de este modelo en un 4% –según comunicó la propia marca– pero contrariamente a lo que suele suceder en estos casos, la diferencia parece bastante mayor. La clave no es otra que la adopción de la mecánica 160 DI-D, un propulsor de cuatro cilindros y 1.6 litros de origen PSA que desarrolla 114 caballos y que resulta bastante más refinado que el anterior 1.8 de Mitsubishi. La combinación de un habitáculo mejor preparado contra el ruido y de este motor más silencioso se deja notar en todo momento. En ciudad nos asiste además el sistema ‘Auto Stop & Go’ que apaga el propulsor en las detenciones de forma automática y lo vuelve a conectar antes de emprender la marcha aunque ciertamente, no es tan rápido como nos gustaría de modo que es en las vías rápidas donde apreciamos un mayor silencio en marcha y es que sólo algún pequeño sonido aerodinámico a la altura de los retrovisores, se filtra al interior y siempre a velocidades elevadas.

Elementos como el nuevo volante multifunción, la pantalla táctil de siete pulgadas o el cuadro de mandos parcialmente digital, favorecen la estética y ergonomía del ASX.

Bien acomodados al volante de este SUV medio no tardamos en apreciar un comportamiento realmente equilibrado. Su ficha técnica revela un peso considerable, de 1.455 kilos, pero en marcha tenemos la sensación de conducir un coche bastante más ligero, que reacciona con suficiente precisión a los cambios de dirección más exigentes y que ofrece una capacidad de frenado notable. En este sentido, resultan cruciales sus cuatro frenos de disco, los delanteros ventilados y con un diámetro considerable: 294 milímetros. No todos los modelos de esta categoría pueden presumir de unos frenos tan eficaces y tampoco de unos neumáticos tan apropiados pues los Bridgestone Dueler H/P Sport 225/55 R18 que equipaba nuestra unidad de serie con el acabado intermedio –Motion– resultan más que apropiados. Presentan un buen perfil para superar badenes en ciudad y contribuir a que la suspensión filtre bien los baches de la carretera o el camino, al mismo tiempo no tienden a flanear demasiado en las zonas de curvas.

El bastidor ofrece una respuesta muy noble, con una tendencia natural al subviraje que la electrónica se encarga de paliar con eficacia, sin resultar nada intrusiva siempre y cuando no provoquemos al control de tracción realizando fuertes aceleraciones en los apoyos. La suspensión sujeta bastante a la carrocería en las curvas más cerradas y la dirección resulta suficientemente comunicativa, aunque es algo más ligera de lo que nos gustaría en conducción decidida. Por su parte, el conjunto motor-cambio es uno de sus puntos fuertes. El 1.6 turbodiésel no es demasiado elástico pero sí ofrece un buen par a bajo y sobre todo a medio régimen, resultando especialmente vigoroso entre las 1.700 y las 3.500 revoluciones, que es el régimen de giro más habitual. Además, la caja de seis marchas presenta un buen escalonamiento lo que nos permite ir casi siempre en la velocidad adecuada y cuando recurrimos al cambio, nos encontramos con una palanca de recorridos cortos y buen tacto, de las que gusta manejar.

Las prestaciones reflejan una velocidad punta de 182 km/h y una aceleración de 0 a 100 km/h en 11,2 segundos, que son datos más bien discretos. Pero lo cierto es que la sensación del conductor es la de manejar un todocamino que responde bien tanto al acelerar como al frenar y que con el que se puede adelantar fácilmente en carretera sin tener que recurrir demasiado al cambio de marchas algo que por otro lado, resulta también satisfactorio, como comentábamos. Además, el consumo es otra de sus ventajas. La cifra oficial habla de 5,2 litros y se puede conseguir fácilmente aunque lo normal es moverse en torno a los 6 litros/100 km con una conducción –digamos– medianamente responsable. Sus emisiones, de 119 gr/km, le permiten eludir el impuesto de matriculación y –por supuesto– cumplir con la última normativa europea, la Euro 6. Así que psicosis del diésel al margen, estamos ante un coche realmente eficiente a nivel energético y que porta la etiqueta ‘C’ –verde– de la DGT. Además, con un depósito de combustible de 60 litros garantiza una autonomía importante, habitualmente superior a los 800 kilómetros.

La mecánica 160 DI-D asociada al cambio manual de seis marchas es más que satisfactoria, ofrece un buen empuje y consumos muy contenidos.

En resumen, estamos ante un todocamino contrastado, práctico, equilibrado y que ha sabido mejorar con el paso del tiempo. Pero también conviene saber que consiente excursiones lejos del asfalto con notable suficiencia gracias a una altura libre al suelo considerable, de 18 centímetros, a la capacidad de filtrado de su suspensión al buen par del motor 1.6 diésel –270 Nm–. Por 2.500 euros más, existe la posibilidad de incorporar la tracción 4x4 que lleva de serie la motorización superior, 220 DI-D de 150 caballos, aunque no sucede lo mismo con el cambio automático de éste, algo que muchos clientes también hubieran agradecido a buen seguro.

Los paquetes de opciones en marcas como Mitsubishi suelen ser escasos y bastante cerrados con el objetivo de simplificar la gama pero a cambio también es verdad que este Motion incorpora de serie: acceso y arranque sin llave, cámara de visión trasera, sistema multimedia con pantalla táctil de 7 pulgadas y conectividad vía Android Auto y Apple CarPlay, autoencendido de luces y limpiaparabrisas, control de velocidad, climatizador o llantas de 18 pulgadas, entre otros. Todo por unos 21.350 euros más que razonables, como el resto del coche.

A favor:

Comportamiento equilibrado y versátil; relación entre calidad/precio/equipamiento; mecánica diésel refinada y eficiente

En contra:

Maletero más escaso que antes; funcionamiento del ‘Auto Stop & Go’; escasas opciones: imposibilidad de elegir cambio automático.