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Porsche Panamera Turbo VS. Mercedes-AMG S 63: Dese prisa, señor presidente

Pocas berlinas tienen la potencia suficiente para enfrentarse incluso a un supercar. Afortunadamente los Porsche Panamera Turbo y Mercedes-AMG S 63 lo consiguen, vehículos creados sólo para la élite que gobierna el mundo.

Panamera Turbo S 63 4MATIC

Imagina por un momento que Donald Trump dirige una potencia como Alemania. En vez de volar en el Boeing 747 conocido como Air Force One, utilizaría el Airbus A319 propiedad del estado federal; tampoco se desplazaría en el Cadillac bautizado como “La bestia”, una limusina capaz de resistir ataques de granadas y metralletas entre otras armas mortíferas. Si Trump fuese el ‘jefe’ en Europa, a las puertas de la cancillería, ubicada en Berlín, habría aparcado un Porsche Panamera y un Mercedes Clase S. Conociendo sus gustos automovilísticos, ninguno de los dos sería una versión ‘pelada’, sino que lucirían los logos Turbo y AMG en sus respectivos portones, no vaya a ser que necesite salir corriendo porque Donald no se dedica a hacer amigos, ni en los negocios ni en la política…

Ambos automóviles estarían a su disposición, pero para usos distintos. Si el presidente se pone el traje y la corbata de la representación para defender los intereses de su país, nada mejor que hacerlo subido en el Clase S, elegante, señorial y hasta con un toque imperial con sus 5,28 metros de largo, ‘culpa’ de la batalla extendida. Si se pone el ‘mono de trabajo’ para dirigir el holding que lleva su apellido –hoteles, campos de golf, bodegas…–, el Panamera Turbo S sería su socio perfecto porque coche y persona reflejan el éxito empresarial y eso que la berlina de Porsche no está exenta de polémica, algo que también comparte con el magnate, pero el Turbo por culpa de su diseño, suavizado en esta segunda generación.

¿Puede ser ágil un coche de dos toneladas? Sí si te llamas Porsche y te apellidas Panamera Turbo

Mundos paralelos

El paso del tiempo confirma que el Panamera es uno de los puntales de la compañía junto a otras ‘criaturas’ llamadas Macan y Cayenne. Y se hace fuerte dentro de las berlinas deportivas premium por una factura de fabricación excepcional y una capacidad innata de volar pegado al asfalto ya sea éste el de una carretera secundaria, el de un puerto de montaña o el de una aburrida autopista. Porque el Panamera puede ser tan confortable como un Bentley o convertirse en un supercar italiano en función de la presión ejercida sobre el pedal del gas y del modo de conducción elegido, programas que varían el chasis a través del selector circular del volante –también se puede hacer con los mandos táctiles de la consola, que afortunadamente se han simplificado–. El nivel racing del Porsche es tan alto que dispone de función Launch Control, como el 911, permitiendo al Turbo salir catapultado una y otra vez sin que la mecánica se resienta y sin que las ruedas patinen, minimizando con ello su desgaste. Para que te hagas una idea de lo bestia que es esta sistema, en lo que tardas en leer esta frase, la aguja del velocímetro ya ha superado los 120 por hora… 

Frente a esta dualidad de la que hace gala el Turbo, el Mercedes hace de la discreción su principal atractivo. De primeras no resulta tan llamativo por diseño respetando la línea de las berlinas clásicas, aunque llantas y frenos sobredimensionados junto a la cuádruple salida de escape alertan del potencial de este Mercedes. Y aunque no se trata de un Clase S cualquiera, casi lo es dado su altísimo grado de confort, con un puesto de mandos más alto y menos tendido que el del Panamera, en el que quedamos literalmente ‘encajados’. Cierto es que acelera con tanta energía como el Porsche, pero rápidamente sale a relucir su lado burgués, con unas inercias más acusadas siendo apenas 15 kilos más pesado. La tracción integral incluso permite que el eje trasero tenga más protagonismo que la del Turbo, teniendo este último una dinámica sencillamente insuperable sin mostrar ninguna debilidad, con un eje posterior direccional.

No se moverá

Para remediar el efecto en las curvas, los asientos del Mercedes neutralizan los efectos de las fuerzas centrípetas inflando las ‘orejas’ en el sentido contrario de la marcha, una herramienta a veces intrusiva para los de espalda ancha; afortunadamente se puede desconectar y, con ello, vuelve a entrar oxígeno a los pulmones.

En el Porsche no hace falta recurrir a un sistema similar porque sus butacas son magistrales, de corte más deportivo que las del Clase S, prácticamente idénticas delante y detrás. Y aun con el diseño tipo bacquet, podemos rodar en circuito dándonos un masaje Shiatsu en la espalda mientras escuchamos un concierto de 'los Rolling', con un nivel propio de un directo gracias al audio Burmester con sonido envolvente 3D, curiosamente el mismo proveedor utilizado por Mercedes, cuyo habitáculo también se convierte en una sala de fiestas con altavoces colocados en el techo. Visto el nivel, todo es poco para que Mr. Trump se relaje después de un día duro de trabajo independientemente del cargo que ejerza.

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Se nota la diferencia

Queda claro que el Mercedes es un auténtico sport turismo frente al Panamera, un deportivo de verdad con cinco prácticas puertas. Da igual el modo de conducción elegido que el Clase S siempre queda en un segundo puesto, en el que se encuentra hasta cómodo –todo hay que decirlo–. El Porsche saca ventaja en las curvas con tanta facilidad que recuerda a la que tiene Donald en los negocios, un don que pocos tienen… ni siquiera el Trump presidente.