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Prueba del Maserati Ghibli S Q4: Hoy toca conducir

Con una seductora imagen y un gran V6 biturbo, la berlina Ghibli abandona la 'zona de confort' para adentrarse en terrenos más deportivos…

Y a pesar de todo, comodidad. Sí, este Ghibli cuenta con una puesta a punto específica que afecta a suspensión, caja de cambios automática ZF de ocho relaciones o tracción integral.

Si hay una plaza desde la que se disfruta la berlina Ghibli S Q4, es sin duda la del conductor. Podemos tener un chófer en la puerta de casa que se encargue de llevarnos hasta los destinos programados en la agenda del día mientras disfrutamos tanto por tacto como por olor de la excelente piel roja Rosso Trofeo que remata la bancada trasera… pero no, el Maserati Ghibli S Q4 se saborea mejor a los mandos y no hay se admiten cuestiones en contra. Tope de gama actual –existen también un Diesel de 275 caballos y un gasolina de 330 caballos–, se vale de un nombre histórico dentro de la firma y de la imagen exótica que luce frente a modelos que a todos nos vienen a la cabeza cuando hablamos de berlinas deportivas de alta gama, sí, las de genes alemanes, japoneses y británicos.

Viva el genio
Muy similar por diseño a su hermano mayor Quattroporte–de hecho, cuesta identificar cuál es cuál debido al gran parecido estético entre ambos–, este Ghibli especiado tiene un 'halo' especial que emana nada más acercarse a él. Detalles como las cuatro salidas de escape, las branquias laterales en las aletas o los neumáticos Pirelli P Zero con llantas de 20 pulgadas nos adelantan una parte del potencial que esconde este vehículo.

Cuando arrancamos el motor, un fuerte alarido procedente de la zaga no hace sino confirmar todo lo anterior. Sabemos que tiene 410 caballos procedentes de un V6 turbo aunque, por el 'escándalo' que monta y el revuelo que genera a su alrededor, no sería descabellado pensar que ronda los 600 caballos de largo, como alguno de sus primos del 'cavallino'.

Le delatan sus orígenes
Tras esta primera impresión deportiva, el Ghibli se suaviza en la carretera; trata con auténtico mimo a todos los pasajeros y hasta echamos en falta algo más de 'rabia', un poco de incomodidad si se nos permite porque, ¿acaso no estamos en la variente más 'extrema'? La amortiguación es culpable directa de esta sensación ya que filtra a la perfección las irregularidades del asfalto y, por tarado, demuestra mayores cualidades de gran turismo que de deportivo. Y eso que los frenos están a la altura de esta 'mole' y la dirección se muestra bastante precisa y poco 'pesada', si bien el volante desde la que la manejamos se nos antoja demasiado grande y con un aro muy grueso.

El S Q4 es tan adictivo como sediento; tú o tu economía decidís qué queréis

La tracción también es muy eficaz al recurrirse a un sistema 4x4 –se trata de un embrague multidisco con acoplamiento electrónico– capaz de transmitir toda la caballería a las ruedas traseras cuando no existe ninguna complicación pero, de haberla, reparte el par al 50% entre los dos ejes. Se puede prescindir de este mecanismo, lo que reduce el precio en casi 3.500 euros como el peso –60 kilos menos–, aunque hay que valorar la seguridad que aporta ante cualquier exceso de gas.

¿Se le perdona?
Donde el Ghibli S Q4 encuentra una importante laguna es en el apartado de las ayudas a la conducción si las comparamos con sus rivales directos por tamaño, potencia y precio como el Audi S7 Sportback–450 caballos y 100.015 euros–. El cupé de los cuatro aros tiene disponibles cámara de visión nocturna –2.635 euros–, control de velocidad de crucero activo –2.030 euros–, ayuda al aparcamiento –1.545 euros–, aviso de límite de velocidad por reconocimiento de señales –200 euros– o asistente al cambio de carril involuntario –795 euros–, un conjunto de elementos que no están en el Ghibli ni como opción, aunque sí ofrece un extenso catálogo de elementos decorativos, tapicerías y llantas para realzar el lado más 'canalla' del S que, a fin de cuentas, es lo que nos gusta.