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Prueba Mini Coupé Cooper SD: Más que diseño

El Mini continúa cambiando de apariencia para no perder el efecto sorpresa y atraer cada vez a una clientela más amplia. Por eso se ha sumado ahora a la 'moda cupé' con esta versión de dos puertas y estética más deportiva pero, ¿será sólo cuestión de apariencia?

En ciudad, el firme tarado de la suspensión nos obliga a bajar el ritmo para mantener un nivel de confort digno.

Con 3,70 metros de largo, 1,68 de ancho y 1,38 de alto, cualquiera diría que la diferencia entre un Mini Coupé y el normal, de tres puertas, no es para tanto. Conserva exactamente las mismas dimensiones que éste a excepción de la altura, es 2,9 centímetros más bajo. Por supuesto, el chasis conserva la misma distancia entre ejes pero en el interior las plazas traseras desaparecen en favor de un maletero más amplio. Pero, sin duda, lo que más llama la atención del Mini Coupé en vivo es cómo los diseñadores han conseguido diferenciarlo tanto del resto con cambios aparentemente tan sencillos.

Tiene truco, la luneta delantera es más inclinada lo que beneficia a la aerodinámica y le concede un aire más deportivo y, hablando de aerodinámica, la trasera incluye un gran alerón móvil que se despliega a partir de los 80 kilómetros/hora y se oculta cuando bajamos de 60 km/h. Pequeños detalles de gran deportivo que le conceden una personalidad propia y nos invitan a ponernos al volante, ¡vamos allá!

Confort

Es precisamente en ese momento, el de ponernos al volante, cuando nos percatamos de que todo este alarde de diseño y deportividad tiene sus contrapartidas. El acceso al habitáculo es algo más dificultoso de lo esperado, sobre todo por bajo y estrecho y el parabrisas inclinado nos deja una sensación de cierto agobio al tiempo que detectamos algunos problemas de visibilidad que no estábamos acostumbrados a tener en un Mini. Suceden básicamente por ir algo más bajos en un coche de cintura alta, con una luneta trasera pequeña, lo que deriva en grandes ángulos muertos.

De todos modos, en un coche de este tipo estos detalles suelen ser bastante comunes por lo que, mientras avanzamos en nuestro Mini, tenemos la sensación de llevar un coche distinto, más deportivo. Y eso que en el interior la decoración es básicamente la misma. Tan sólo encontramos algunos bonotes nuevos como el que actúa sobre el spoiler trasero, una práctica bandeja para dejar objetos como las chaquetas, abrigos, etc y una trampilla que comunica el habitáculo con el maletero. Por cierto, el acceso a éste es fantástico gracias al gran portón trasero y su capacidad ha aumentado de 160 hasta los 280 litros.

Mención a parte merece el 'Mini Visual Boost' una pantalla de 6,5 pulgadas integrada en el gran velocímetro central, tan característico de este modelo.

Mientras curioseamos el interior, vamos aumentando el ritmo de la marcha sin salir todavía del núcleo urbano. Entonces, observamos como la suspensión -considerablemente rígida- y los neumáticos de perfil bastante bajo -205/45 R17- provocan algunos crugidos en el interior, y ruidos de rodadura, aunque tampoco son tan acusados como en otros coches de su tipo y tamaño. Se nota 'muy duro' y nos obliga a superar los badenes con precaución pero, al mismo tiempo, esta sensación no hace sino aumentar nuestras ganas de abandonar la ciudad en busca de curvas.

Comportamiento

Circulamos por autovía respetando los límites de velocidad y manteniendo un nivel de confort más que satisfactorio gracias a una insonorización correcta, cuando descubrimos en junto a la palanca del cambio un botón importante: 'Sport'. En todo deportivo moderno que se precie, este tipo de controles me parecen imprescindibles pues su sola presencia hace que se te dibuje una sonrisa en el rosto, te concede cierta sensación de poderío pues piensas que el comportamiento de tu coche se puede optimizar en el momento en el que consideres oportuno. En algunos casos, pulsar esta tecla o no es prácticamente accesorio, pero en otros modelos como en este Mini el cambio es radica.

Mientras jugamos a conectar y desconectar el Sport, nos percatamos enseguida de que la respuesta del coche varía notablemente.

La dirección se vuelve escrupulosamente precisa, la suspensión -dura de por sí- copia cada oscilación del terreno y tanto el acelerador como el cambio manual adquieren un manejo más directo. De esta forma, la conducción se vuelve algo más exigente pero el conductor puede controlar el coche casi al milímetro, gracias a un 'feeling' de conducción muy directo.

Además, el Mini Coupé se guarda algunos ases en la manga, un reparto de pesos más equilibrado, una carrocería más rígida -gracias a unos refuerzos estructurales- y, sobre todo, el diferencial autoblocante electrónico EDLC, que ayuda a mantener la trayectoria y mitigar el subviraje. El resto de las sensaciones, quedan del lado de la mecánica.

Mecánica

El motor más novedoso en la gama no es precisamente un desconocido. Se trata del 2.0 turbodiésel de BMW que tan buen resultado ha dado en los Serie 1, 3 o 5. Ahora, en un coche notablemente más pequeño y ligero, lo apreciamos bastante más brusco y lleno a bajo y medio régimen. Con 143 caballos, ofrece una respuesta impecable y conserva ese extra de elasticidad frente a otros motores de este tipo, como el 2.0 TDI 143cv de Volkswagen.

Además, los niveles de consumo son muy ajustados, el oficial se sitúa en 4,3 litros, aunque lo normal es ir gastando entre 5 y 5,5 por cada 100 kilómetros. Estas cifras son positivas tanto en términos absolutos, como en relativos, puesto que el citado motor de Volkswagen, en el Ibiza FR TDI gasta una media -oficial- de 4,6 y sin llegar a ofrecer las prestaciones de este Cooper SD.

Con este motor, el Mini Coupé alcanza los 100 km/h en 7,9 segundos y su velocidad punta es de 216 km/h, le roba dos décimas en aceleración al Cooper SD normal y tres al Ibiza FR TDI.

Asociado a un cambio manual de seis velocidades e intachable manejo, el motor 2.0 Diesel es perfectamente aprovechable y además bastante fino y silencioso, sin duda, uno de los más recomendables de la gama Mini Coupé, aunque también ha que tener en cuenta su precio...

Valor de compra

Mini nos contó que la versión Coupé“se destina a los clientes más extremistas”, cifrados por la propia marca en un 2% de sus potenciales compradores. Por eficacia, exclusividad y sensaciones de conducción, quedamos tan satisfechos con el coche que ese porcentaje nos parecía tan ridículo como incomprensible. Hablamos de un coche que sí se percibe estéticamente más deportivo, que sí es más rápido, que sí pisa mejor, que consume, además, lo mismo que el Cooper SD de tres puertas y que, después de todo, sólo elimina las dos plazas traseras -nada aprovechables en el Mini- para conceder mayor volumen al maletero. Para más de uno, este Coupé será incluso más práctico, pero es que, amigos, nos quedaba por consultar el precio.

El Mini Coupé Cooper SD cuesta 27.050 euros, es decir 1.700 euros más que el Cooper SD normal y, agárrense, 9.000 euros más que el Seat Ibiza FR TDI de idéntico tamaño y potencia, con el que hemos cotejado sus prestaciones. Vale, ya se que son dos coches de 'mundos distintos', pero si lo prefieren, podemos tener un Volkswagen Scirocco TDI con 170 caballos más barato, por 26.400 euros.

En cualquier caso, un Mini no deja de ser fundamentalmente un coche de capricho, más aún cuando se trata de una versión tan concreta como este Coupé. Es caro, pero no decepcionará a su clientela. Podéis ver esta prueba resumida en vídeo: