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Prueba retro: ¡Conducimos el Seat 124 en sus felices 50!

Con motivo del 50 aniversario de su lanzamiento, Seat nos da la oportunidad de conducir una unidad del 124 guardada en su particular nave-museo, la A122, situada en la factoría de la zona franca de Barcelona. Un auténtico placer y todo un ‘juguete’ de cuatro ruedas, con apenas 600 kilómetros en el odómetro…

Seat-124-1968

Estamos en silencio esperando al protagonista. Gorritos, confeti, pancartas… y, por supuesto, una tarta. Parece que no se lo espera, porque el Seat 124 se queda ojiplático nada más vernos. ¡Feliz 50 cumpleaños! En realidad, se trata de un efecto causado por sus simples faros redondos, que esconden bombillas incandescentes. Entre “happy birthday” y “es un muchacho excelente”, nos damos cuenta de lo que ha evolucionado el automóvil en general, y Seat en particular. Evidentemente, nosotros, que somos unos ‘quemados’, estamos encantados de conducir un coche tan espartano como éste. Hay que olvidarse de asistencia en la dirección, servofrenos, airbags, ayudas a la conducción y sistema multimedia, porque el turismo que tenemos delante, no tiene ni radio. Solamente una pequeña trampilla para que entre aire caliente al habitáculo. Y dos limpiaparabrisas. Una circunstancia de precariedad que nos traslada a la época en la que Massiel ganaba Eurovisión con su mítico “La, la, la”, asesinaban a Martin Luther King, al nacimiento de Felipe VI, el que hoy es Rey de España… y a los tiempos de la conducción de verdad.  

Nuestro 124 es de la primera serie B, el que se puso a la venta en 1968. Un año antes de que nadie pudiera comprarlo, se anunciaba su lanzamiento en la prensa de la época. Imagínate ahora mismo que se desvela el aspecto del Tarraco, el próximo SUV de siete plazas de la firma española, y hasta junio de 2019 no se aceptan los primeros pedidos; impensable hoy en día, ¿verdad? El 124 era un modelo para la incipiente clase media, que necesitaba algo más de espacio y potencia frente a un 600 que, a pesar su amplitud interior, estaba muy limitado en los viajes.

La escasa competencia de la época tampoco ofrecía un automóvil de estas características, así que el 124 se convirtió en todo un éxito, con listas de espera de varios meses. Costaba 144.432 pesetas, impuestos incluidos.

Tenía dos acabados, uno normal y otro más lujoso, que costaba 7.000 pesetas

El 124 tiene un motor delantero longitudinal de cuatro cilindros en línea, 1.2 litros y 60 caballos DIN –65 caballos SAE–. La transmisión es manual de cuatro velocidades a las ruedas traseras. Las relaciones son relativamente cortas, mientras que la palanca es infinita. La postura de conducción tiene hasta cierto punto de confort, ya que el volante está centrado respecto a los pedales.

Lógicamente no hay aislantes acústicos reseñables, así que se aprecia bastante el ruido de la mecánica, un sonido que nos gusta porque, para que nos entiendas, es de verdad, sin artificios acústicos de por medio, caso de los altavoces del equipo de audio. Cuando el sol ‘escapa’ de las nubes por los alrededores de Medinaceli, Soria, porque hasta aquí hemos venido para la toma de contacto, la temperatura sube, así que tenemos que bajar las ventanillas por el calor. Buscamos inconscientemente un elevaluna… ¡error! Hay que recurrir a la manivela o a una trampilla colocada justo tras el pilar A, que permitía cierto paso de aire y cuyo funcionamiento recuerda, más o menos, a las ventanillas de apertura tipo compás, como las que monta el Mii en sus plazas traseras.

Del 124, se vendieron en total 896.364 unidades durante los 13 años que se comercializó

Con esta mecánica y un peso inferior a los 900 kilos, el 124 era capaz de alcanzar los 140 kilómetros/hora de punta, si bien nosotros rondamos los 100 por hora por las carreteras de los alrededores de Medinaceli. A pesar de la dirección durísima en parado y de una suspensión relativamente firme –independiente delante y eje rígido detrás–, el confort de marcha está más que garantizado. En curva rápida se aprecia cierto balanceo y a la salida de los giros más cerrados, el coche mantiene la trazada sin problemas, ya que el par es escaso para producir un sobreviraje. Cosa distinta hubiese pasado en mojado… En las subidas empinadas, tenemos que bajar una relación.

La seguridad, como era de esperar, está en un segundo plano, con unos precarios cinturones de dos puntos sin regulación y la falta de reposacabezas, que llegaron a ser un extra de lujo. El viaje trascurre de día, así que no hacemos uso del precario sistema de iluminación, literalmente en las Antípodas frente a los modernos faros y pilotos led de Ateca, León, Ibiza, Toledo… Menos mal que los frenos están a la altura con sus cuatro discos. Evidentemente hay que anticipar bastante su uso si queremos detenernos con garantías o simplemente reducir la velocidad, pero es a lo que mejor nos acostumbramos.

Finalizamos el recorrido con el mejor de los sabores. Ésta es la segunda vez que Seat nos da oportunidad de conducir uno de sus clásicos –hemos tenido la ocasión de hacerlo con el 600– y siempre nos queda el mejor de los regustos posibles y, a quien escribe este artículo, le entran unas ganas irremediables de comprarse uno. Si alguien vende uno, ya sabe…

Breve repaso histórico del Seat 124…
Tras la berlina, en 1969, nacía el 124 familiar. También se presentaba el 1430, conocido coloquialmente como ‘catorce treinta’ que, en realidad, era un 124 potenciado, con un motor de 75 caballos, del que disfrutó hasta la división de tráfico de la Guardia Civil, con unidades especialmente hechas para el cuerpo.

En 1971, aparecía el 124 Sport Coupé 1.600, con 110 caballos y cambio de cinco marchas, todo un coche capricho para los famosos de la época, como Félix Rodríguez de la Fuente.

Ese año también se introducen mejoras para la gama 124 y 1430; la más importante recae en el primero, con una versión D con doble circuito de frenos y neumáticos radiales –conviene matizar que la D no es de Diesel–. Dos años después, aparece el 124 LS con 65 caballos y un 1430 potenciado con 75 caballos, para más adelante lanzar el 1430 Especial 1600, conocido como FU 00, por las letras de identificación del chasis. Ya en 1975, el 124 D tiene una actualización, con una producción repartida entre la zona franca de Barcelona y Landaben, Navarra. A partir de ese momento, los denominados como FU pasan a ser conocidos por sus siglas de bastidor FL.

Los FL, asimismo, tuvieron un papel destacable en competición, como en la imagen, en la que Salvador Cañellas y Daniel Ferrater compiten con un 124 Especial 1800 Grupo 4 en el Rally de Montecarlo de 1977.