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Prueba Seat Ibiza 1.6 TDI 115 CV FR: Deportivo pero eficiente

El nuevo Seat Ibiza estrena la motorización 1.6 TDI que le permite, en combinación con el acabado FR, dotar al vehículo de un cierto carácter deportivo sin perder por ello la eficiencia que buscamos en este tipo de motorizaciones. Estos son sus argumentos. 

Seat-ibiza TDI

La quinta generación del Seat Ibiza, el modelo más vendido de la historia en nuestro país, estrena ahora una nueva motorización diésel 1.6 de 115 caballos, que sino fuera por el momento tan polémico en el que se encuentran este tipo de mecánicas, estaría llamado a convertirse en la versión de más éxito de la gama, tanto por comportamiento, como por la economía de uso que ofrece tal y como veremos a continuación. 

El Seat Ibiza 1.6 TDI es una versión muy interesante desde el punto de vista de la eficiencia dado los consumos que se pueden conseguir y las posibilidad de contar también con un vehículo dotado de cierto carácter deportivo, sobre todo si nos referimos a la versión probada que incluye el acabado más deportivo de la gama, el FR –Fórmula Racing–. Esta terminación ofrece cambios estéticos y otros de más calado que influyen de manera decisiva en el comportamiento.  

Una de las características destacadas del nuevo Ibiza TDI es que estrena la plataforma MQB A0 que comparte con otros modelos de la marca como el Volkswagen Polo y el próximo Audi A1. Las cotas no se modifican con respecto a la versión anterior, pero si mejora de forma apreciable la habitabilidad gracias a que este chasis permite un mejor aprovechamiento del espacio. El nuevo Ibiza e Ibiza mide 4,06 metros de largo y tiene 5 puertas. No hay prevista ni una versión familiar ni una de 3 puertas. 

Gracias a esta plataforma la calidad de rodadura ha mejorado significativamente con respecto a la generación anterior, así como la posibilidad de contar con la última tecnología del grupo Volkswagen, como por ejemplo un sistema de detección de peatones o un control de crucero adaptativo que sin embrago presenta algunas brusquedades cuando en carretera detecta algunos obstáculos –otros vehículos–.

En cuanto a la habitabilidad, el nuevo Ibiza está entre los más amplios de la categoría por delante de rivales como el Peugeot 208 o el Citroën C4 Cactus. Incluso las plazas traseras son cómodas dado que ocupantes de hasta 1,80 –o incluso más– puede viajar sin problemas. A todo ello se añade un maletero con una capacidad de 355 litros, de los más amplios de la categoría. Tiene además un diseño muy regular y una apertura del portón que permite cargar objetos de cierto volumen.

Discreto, funcional y sobre todo amplio, el interior de Ibiza puede acoger a dos adultos de gran talla incluso en su zona posterior. Toda una ventaja.

Hay disponible en opción una balda que confiere cierta modularidad al maletero dado que permite crear diferentes huecos o configurar un espacio de carga plano, a lo que se añade la posibilidad de plegar el respaldo de los asientos.  

Desde el punto de vista dinámico el Seat Ibiza es toda una referencia gracias a un comportamiento que, además, se enfatiza más si cabe con esta versión FR que no solo recurre a una estética más racing, sino a cambios de más calado que influyen de forma directa en el comportamiento, como son una suspensión un 20% más firme y rebajada en 15 milímetros. Si a esto le añadimos la posibilidad de contar con unas llantas de 18 pulgadas y neumáticos más anchos, tenemos un Ibiza con un comportamiento muy eficaz en conducción deportiva.

Al volante la posición del conductor es muy equilibrada y permite contar con todos los indicadores a mano porque la ergonomía está bien planteada. Tal vez algunos usuarios echen en falta detalles más deportivos o una instrumentación diferenciada que haga alusión a la variante FR. Pero en general el habitáculo está bien resuelto aunque el aspecto resulta sencillo, sin alardes en el diseño, algo por otro lado habitual en el grupo Volkswagen, donde la sobriedad es la nota dominante.

Asimismo, el sistema multimedia es bastante intuitivo en su utilización y tras un breve periodo de utilización, lo utilizaremos con total familiaridad. La pantalla tiene un tacto preciso y la respuesta a nuestros requerimientos es bastante rápida. 

Una vez en marcha comprobamos como la buena puesta a punto tanto del chasis como de las suspensiones permite disfrutar de una conducción enérgica. La dirección es precisa y no plantea problemas en este sentido gracias a un tacto bien definido. Los amortiguadores más rígidos permiten aprovechar a la perfección el buen chasis y realizar apoyos en curva con total seguridad y aplomo.

Además, para aquellos conductores que quieran un extra en este sentido como opción está disponible el sistema Drive Select que permite cuatro configuraciones: Eco, Normal, Sport e Individual. Estos ajustes también afectan a la dirección, motor y cambio –si es el automáticos DSG–.

Al volante, la posición del conductor es muy equilibrada y permite contar con todos los indicadores a mano porque la ergonomía está bien planteada.

El comportamiento dinámico se completa con un diferencial autoblocante electrónico que permite que el Seat Ibiza no muestre por lo general en conducción rápida reacciones bruscas que sorprendan al conductor. Estas son nobles y permiten anticiparse.

En cuanto al cambio de marchas, nuestra unidad equipaba el conocido selector manual de 6 velocidades, que se maneja con agilidad aunque presenta unos desarrollos largos que causan saltos entre las velocidades que penalizan las recuperaciones. Pero como decimos, el accionamiento no plantea problemas y en las rectas, a velocidad sostenida, contribuye a reducir el consumo.

Para practicar una conducción ágil con el 1.6 TDI es necesario recurrir al cambio para mantener el motor en la zona donde ofrece la potencia más aprovechable, entre las 2.000 y las 4.000 revoluciones, momento en el que la potencia decae de forma brusca. Este efecto es habitual en este tipo de propulsores que tienen un rango de utilización muy concreto, en este sentido los gasolina TSI son mucho más agradables de utilizar. Su baja cilindrada unida a los comentados desarrollos, penalizan las recuperaciones, algo que apreciamos sobre todo en sexta velocidad, cuando realizamos una conducción relajada y necesitamos incrementar el ritmo para adelantar.

Una de las principales pegas de esta motorización es la rumorosidad que transmite y que se aprecia claramente en el habitáculo sobre todo en los arranques en frío, si bien una vez alcanza la temperatura de funcionamiento, es más que adecuada para tratarse de un diésel. 

Respecto a un TSI de potencia similar se aprecia una respuesta más brusca, aunque también anotamos unos consumos inferiores.

Se nota en este sentido que estamos ante un 4 cilindros, dado que la respuesta es más equilibrada que en los de tres. Además los consumos son muy comedidos y no resulta complicado mantener medias de en torno a los 4,5 litros. Por mucho que exprimamos la mecánica estos nunca se disparan, algo que sí ocurre con las motorizaciones gasolina TSI que ofrecen cifras muy variables.

En definitiva el Seat Ibiza TDI presenta una puesta a punto exquisita que permite, como se suele decir, dar la talla en cualquier situación, y además esta motorización mueve el coche con soltura para aquellos que busquen algo más que un 'simple utilitario'.

A favor: Comportamiento. Habitabilidad. Consumo.

En contra: Rumorosidad mecánica. Recuperaciones.