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Prueba Tesla Model X P90D: Inteligencia artificial

Aunque el Model X esconde un sinfín de innovaciones técnicas, será siempre recordado como el primer SUV que quiso montar las puertas traseras de tipo 'alas de gaviota' más inteligentes del mundo…

Su figura es similar a la de los SUV coupé europeos, pero esconde un detalle único: sus puertas traseras tipo 'alas de gaviota'.

Sólo falta una nube de humo y que de su interior aparezcan Doc y Marty McFly! Así es como uno se siente mientras está esperando a que el lento mecanismo del Tesla Model X vaya abriendo, poco a poco, sus puertas al estilo 'alas de gaviota'. En efecto, más allá de que el nuevo todocamino americano parezca un vehículo del año 2050, lo que realmente llama la atención es, sin duda, este elemento. Aunque ni mucho menos sea una solución inédita en el sector, Tesla se ha encargado, como todo lo que pasa por sus manos, de convertirla en algo totalmente novedoso.

Empezando por ser el primer SUV del mercado en equiparlas, siguiendo por tratarse únicamente de las traseras y finalizando porque son mucho más complejas de lo que a priori pueda parecer. Sus múltiples sensores, su accionamiento automático y hasta el sonar que montan tras su estructura de aluminio las deberían convertir en las más inteligentes de la historia. Pero, como suele ocurrir siempre, la realidad supera a la ficción y, si no, ¿por qué sigo esperando a ver el pelo blanquecino de Doc?

Por muy sofisticadas que parezcan, son extremadamente lentas. Necesitan 5,5 segundos para abrirse y seis para cerrarse. Además y ocasionalmente se detienen a mitad de 'maniobra' al creer que van a chocar contra una pared o un objeto cuando, en realidad, no hay nada que las moleste. En fin, que se supone que el elemento más inteligente del vehículo es también el que parece ser más 'tonto'...

Eso sí, el resto de sus 5,03 metros de largo no son, para nada, una tontería. Puede que su diseño sea una especie de cruce extraño entre un Model S y un BMW Serie 5 GT, pero lo cierto es que el Model X es todo un portento estético. Cuenta con una aerodinámica privilegiada ya que su coeficiente Cx de 0,24 le convierte en el mejor de su segmento y en uno de los más bajos del sector, mientras que su habitáculo representa todo un viaje al futuro. 
La consola central elimina todo rastro de botón analógico para sustituirlo por la misma pantalla táctil de 17 pulgadas que monta el Model S y desde la que se controlan todas las funciones del coche… sí, incluidas las puertas traseras. Además, su parabrisas panorámico, el más amplio del mercado según ellos, permite que conductor y copiloto puedan disfrutar del skyview de la ciudad por la que circulen.

Pese a sus 2.537 kilos, sólo necesita 3,3 segundos para llegar a 100 por hora

Para esta prueba hemos elegido la versión P90D, es decir, aquella que integra la batería de ión litio más grande de Tesla, con 90 kWh de capacidad, y con la que más kilómetros podremos recorrer con una sola carga: 402. Se encarga de suministrar energía a cada uno de los cuatro motores que conforman la parte mecánica del Model X.
Situados uno por rueda –proporcionándole tracción total–, se obtiene una potencia teórica de 762 caballos aunque, otra vez, la realidad nos pone en nuestro sitio. Y es que la energía que se transmite a los traseros está limitada, por lo que la cifra 'de verdad' decrece hasta los 463 caballos.

Para compensarlo, puedes pagar los 9.000 euros que cuesta el paquete Ludicrous, con el que se introducen cambios en la centralita para aumentar la potencia de la batería hasta los 1.500 amperios y disponer de 69 caballos adicionales durante algunos segundos. En cualquier caso, con o sin él, el Model X ofrece casi 73 kilográmetros de par desde la arrancada, siendo capaz de sonrojar hasta el mejor de los deportivos.

Los ocupantes del Model X no sólo van cómodos, tampoco escuchan el menor ruido del exterior.

La datos así lo dictaminan: 3,3 segundos para realizar el cero a 100 kilómetros/hora o 2,1 segundos para pasar de 80 a 120 kilómetros/hora. Todo ello sin olvidar que se trata de un 'bicho' que pesa 2.537 kilos; casi nada. Un pesaje que, además, no interfiere en su comportamiento. En marcha, da la sensación de ser más ágil de lo que refleja su ficha técnica. La carrocería no transmite balanceos y el ajuste del chasis es perfecto. La dirección proporciona toda la información que se le requiere y los frenos son capaces de detenerlo en 50 metros. Con todo esto parece casi inútil activar el modo de conducción semiautónoma que incluye y que interviene sobre la dirección y los frenos. Es divertido al principio, pero lo es más sentir de primera mano todo lo que esconde.