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Prueba Suzuki Swift Sport: Pesa menos, corre más

Digno heredero del Swift GTi de mediados de los 80, llega la quinta generación de esta versión tan especial que siempre ha tenido un hueco propio en el Olimpo de los pequeños deportivos de bolsillo, pensados por y para divertirse.

Suzuki-swift-sport-01

La nueva generación del Suzuki Swift presume ahora de la gama completa con la incorporación de su variante más deportiva; la Sport. Tradicionalmente este modelo no se ha caracterizado por una elevada cifra de potencia, sino por un peso muy contenido. De hecho, y respecto a su predecesor, la marca anuncia una reducción de peso de 80 kilogramos, lo que le permite arrojar un peso final de 970 kilos, sencillamente brillante si tenemos en cuenta que su nuevo motor genera 140 caballos.

El anterior 1.6 de 136 ha sido sustituido por un 1.4 turboalimentado que llega a esos 140, pero más importante todavía es la cifra de par motor; 230 Nm, que además se entregan de forma muy progresiva.

Pero empecemos por el principio. Su estética evoluciona ligeramente con un nuevo frontal en el que destaca el paragolpes envolvente y la gran toma de aire central. En su trasera distinguimos ahora dos generosos escapes y un spoiler superior, elementos que junto a las nuevas llantas de 17 pulgadas completan un conjunto de lo más radical en el que la guinda la pone el nuevo color, el amarillo Champion.

En el interior el maquillaje Racing cobra protagonismo con unos nuevos asientos tipo baquet con la firma Sport y con el reposacabezas integrado en el respaldo, resultan excelentes tanto por su tacto como por como recogen nuestro cuerpo. En el salpicadero se han introducido numerosas molduras en rojo, que combinan con los pespuntes de este mismo color y con el fondo de los relojes del cuadro de instrumentos. Destaca la pantalla de siete pulgadas y otra LCD de menor tamaño que está entre el velocímetro y el cuentavueltas y nos aporta información de telemetría sobre par motor o potencia. En cuanto a la carrocería, está disponible exclusivamente en la variante de cinco puertas.

Basta ponerlo en marcha para descubrir un sonido muy sugerente, se trata de un zumbido metálico que llega hasta el habitáculo en su justa medida y se hace más patente conforme subimos de vueltas, sin llegar a resultar molesto. Durante los primeros kilómetros nos sorprende el empuje del motor, brillante y homogéneo a partir de las 2.000 vueltas, esto le permite ofrecer unas relaciones de cambio ligeramente ‘largas’ que contienen los consumos, con una cifra brillante –5,6 litros a los 100 kilómetros–.

Frente a su predecesor, rueda en autopista de forma mucho más cómoda y sosegada, algo en lo que tiene mucho que ver tanto el citado motor con su empuje y entrega constante que nos evita tener que recurrir al cambio con frecuencia como la puesta a punto de la suspensión, que cuenta con amortiguadores Monroe excepcionales en su cometido de neutralizar las irregularidades de la carretera y cuidar a los ocupantes. Aguardamos con paciencia la llegada de una carretera retorcida para descubrir si el coche conserva esa esencia GTi que lo hizo famoso, y bastan unos pocos giros para confirmar que sigue siendo un purasangre de primera.

En estas condiciones y estirando las marchas ‘a machete’, nos sorprende la agilidad del tren delantero, que nos mete en los giros más inverosímiles sin rechistar, acompañado de un tren trasero que solo se deja notar si lo vamos buscando, de hecho no llega ni a barrer la carretera si no metemos más volante del necesario. Lo perdona todo, incluso frenadas en pleno apoyo y cambios de trayectoria bruscas. Sin duda una máquina de disfrutar que no exige tener a un experto a sus mandos.

El nivel de equipamiento es muy alto, con medidas como la alerta por cambio involuntario de carril o el control de crucero adaptativo o los faros de Led. Sin ser barato, su precio de venta de 21.370 euros no nos parece excesivo, sobre todo si tenemos en cuenta que tiene una campaña de lanzamiento de 2.000 euros que lo deja en 19.370 euros.