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Prueba Volkswagen Polo 1.0 TSI 115: Cualidades renovadas

El 1.0 TSI de 115 caballos es el Polo de gasolina más potente que podemos conducir por debajo del GTI a día de hoy, y es mucho más barato. Además, con el acabado Sport y el cambio DSG de siete velocidades no puede tener mejor pinta pero, ¿dará la talla en nuestra prueba a fondo?

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Supera los 4 metros de longitud –4,05 concretamente– y, si te sirve de referencia, es bastante más largo que la primera generación del Volkswagen Golf, pero es que la sexta generación del Polo se presenta como la más práctica y versátil de todas. Como es habitual en la marca ofrece una amplia variedad de versiones tanto en lo que concierne a los acabados, como a la gama de motores gasolina y diésel. En esta ocasión nos hemos decantado por la versión gasolina más potente –GTI aparte–, el TSI 1.0 de 115 caballos. 

El Volkswagen Polo que ves en las imágenes incluye además el acabado Sport, que incorpora algunos accesorios más deportivos, si bien como es normal en la marca la imagen es bastante sobria. Este pack incluye unas llantas específicas de 16 pulgadas –hay en opción otras de 17– con neumáticos de 195/55 R16, si bien es llamativo que se incluyan unos neumáticos Falken de ‘resistencia a la rodadura optimizada’, es decir pensados para una utilización no especialmente deportiva algo que como veremos más adelante, condiciona su comportamiento en algunas circunstancias concretas.

Analizado el exterior, el habitáculo del Polo destaca por su amplitud. Probablemente lo más llamativo sea la pantalla táctil central de ocho pulgadas con dos puertos USB y seis altavoces que tiene un manejo bastante intuitivo y además está perfectamente integrada en el frontal. Ofrece buena visibilidad, no presenta reflejos molestos y gracias a su colocación en la parte alta de la consola central, no es necesario apartar la vista de la carretera para verla.  

El resto del salpicadero está terminado un un plástico negro brillante satinado. Por lo general se trata de un diseño sobrio en consonancia con el exterior, pero es bastante ergonómico y cómodo de utilizar. Los mandos más habituales, como por ejemplo los de la climatización permiten un manejo fácil, la pantalla central también y acceder a los diferentes menús, no plantea problemas. No hay profusión de botones que obliguen a retirar la vista de la carretera para su manejo.  

La posición de conducción es cómoda, si bien los asientos pueden resultar estrechos para las personas de talla más grande. También estamos situados relativamente bajos para lo que se lleva ahora. El cuadro de mandos es el convencional –hay disponible uno digital, Volkswagen Digital Cockpit– pero ofrece una buena lectura y toda la información necesaria, de modo que no se echa en falta el otro.   

Este interior resulta bastante amplio fruto de la utilización de la plataforma modular MQB-A0 que también equipa el Ibiza y que le ha supuesto al nuevo Polo ganar en tamaño y habitabilidad gracias a una distancia entre ejes de 2,56 metros.

Las plazas traseras son amplias sobre todo en el espacio disponible para las piernas y en altura, si bien en anchura un tercer ocupante irá incómodo, a lo que se añade la incomodidad de una elevación en el suelo del coche a esta altura que obliga a separar las piernas. El acceso es sencillo para las dimensiones del vehículo, dada la altura disponible comentada y el amplio ángulo de apertura de las puertas.   

En cuanto al maletero es bastante amplio, 351 litros, sensiblemente inferior al del Ibiza pero superior a la media del segmento. Gracias a su diseño rectangular se puede aprovechar la práctica totalidad del espacio. Si queremos más podemos abatir los asientos en una proporción 60-40% y contar entonces con 1.125 litros, que nos permiten transportar así objetos de más longitud.  

Como te contábamos al principio la versión probada es la equipada con el motor 1.0 TSI, gasolina de 1.0 litros y tres cilindros. Dada su baja cilindrada se hace necesario recurrir a la ayuda de la sobrealimentación para conseguir una cifra de potencia bastante coherente para este modelo, 115 caballos, si bien hay otra versión con 95 que cuesta mil y pico euros menos.  

Una de las principales características de este motor es su suavidad de utilización. El tacto que tiene es bastante agradable, a pesar de no resultar tan redondo –sobre todo a bajas revoluciones– como un cuatro cilindros, pero en cambio las cifras de consumo y sobre todo de emisiones son inferiores y esto al final es algo que muchos usuarios tienen en cuenta al adquirir un vehículo.  

Homologa un consumo medio de 4,4 litros y unas emisiones de 107 gramos por kilómetros. Como veremos a continuación en conducción ‘real’ el gasto es algo más elevado, pero en ningún caso resulta un vehículo con un consumo elevado.

Las plazas traseras son amplias sobre todo en el espacio disponible para las piernas y en altura, si bien en anchura un tercer ocupante irá incómodo.

Esta versión además cuenta con cambio automático DSG de siete velocidades. Un sistema rápido en las transiciones entre marchas –cuenta con un modo Sport incluso– pero que en las maniobras a baja velocidad provoca alguna brusquedad. Sin embargo, en una utilización en carretera en conducción ágil permite aprovechar la potencia del motor, dado que siempre hay una marcha para la ocasión. El salto de una a otra no es muy acusado gracias a unos desarrollos bien calibrados.

En cuanto a la suspensión muestra un buen equilibrio entre confort y estabilidad, si bien para los conductores que busquen sobre todo comodidad puede resultar algo seca.

El Volkswagen Polo es un vehículo bastante ágil en conducción rápida en carretera con una dirección acorde con el carácter del coche, muestra un tacto equilibrado. Al aumentar el ritmo se aprecia un carácter netamente sobrevivador, previsible por otro lado. Esta dirección no excesivamente rápida, pero no plantea problemas en este aspecto, tampoco en ciudad donde un grado de asistencia medio permite realizar las típicas maniobras urbanas a todo tipo de conductores. También hay disponible un sistema de ayuda al aparcamiento que incluye una serie de sensores que avisan para evitar posibles pequeños impactos.   

Asdemás de este sistema, el Volkswagen Polo puede contar con multitud de dispositivos de ayuda a la conducción, como el sistema de frenado de emergencia –en nuestra unidad de pruebas muy intrusivo–, detección de ángulo muerto en el retrovisor, control de crucero adaptativo, etc. 

En conducción real este motor TSI tiene un consumo bastante ajustado, si bien hay que tener en cuenta que dada la sobrealimentación la cifra puede variar bastante, si bien nunca será excesivamente elevada. No es difícil conseguir medias de seis litros en conducción mixta por carretera, autovía y algo de ciudad. Por otro lado, si se aprovechan las prestaciones y se apuran las marchas es difícil superar los siete, mientras que esi se busca la máxima eficiencia no resulta difícil lograr poco más de cinco litros de media, con la función Driving Mode en la posición Eco, que incluye una función de conducción ‘a vela’ muy útil para aprovechar las inercias. También hay una posición Normal y otra Sport.

De todas formas este bloque TSI se encuentra muy cómodo en un régimen de giro medio, dado que debido a la baja cilindrada penaliza en las recuperaciones mientras que en la zona alta de las revoluciones, por encima de las 5.000 'vueltas' la pérdida de potencia se hace evidente, por lo que no merece la pena manterner ese régimen de giro.  

En cuanto al precio de esta versión, Polo Sport 1.0 TSI Sport con cambio DSG de siete velocidades supera sensiblemente los 20.000 euros, una cantidad elevada si lo comparamos con la competencia, aunque hay que tener en cuenta que este acabado es el tope de gama –incluye hasta equipo de sonido Beats, sí la marca de los famosos ‘cascos’–. Sin duda un coste elevado, pero probablemente justificado para muchos por contar con lo que podría ser un ‘baby Golf’. 

A favor: Consumo y emisiones, habitabilidad. 

En contra: Precio, recuperaciones, elasticidad del 1.0 TSI.