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Al volante del Volvo XC40: Genética nórdica a escala 

Volvo entra por primera vez en el segmento de los SUV compactos de lujo con este modelo que compite directamente con los BMW X1 y los Mercedes GLA. Calidad premium y las amplias opciones mecánicas son sus mejores cualidades.

Volvo-xc40-01

El hermano menor de los XC60 y XC90 hereda de ellos el código genético estético, incluido el inconfundible martillo de Thor inscrito en sus ópticas delanteras, pero en conjunto es mucho más desenfadado e informal que los citados SUV de Volvo. Como comprobación basta consultar la paleta de colores en que está disponible, con opciones inexistentes en la firma hasta ahora, así como la posibilidad de contar con una carrocería bicolor en la que el techo y los retrovisores serán distintos al resto del vehículo. En conjunto, es el más personalizable y desenfadado de la historia de la marca. 

Una vez en el interior nos sorprende la altura tanto del puesto de conducción como de las plazas posteriores. Sin duda en la firma tienen claro que  los compradores de un SUV quieren ir altos. Un acierto a la hora de circular en ciudad, pues mejora la visibilidad y con ello la agilidad. En cuanto al diseño general, es igual al de los citados XC60 o XC90 pero con diez años menos, una sensación que se logra mediante coloridas tapicerías y alfombras, así como con un tapizado de puertas en el mismo material del suelo que genera un efecto muy cálido y agradable, predominando siempre colores muy vivos y con la notable luminosidad que aporta el gran techo solar. 

Los 4,43 metros que mide de largo su carrocería han sido aprovechados de manera sobresaliente, con unas plazas excepcionalmente amplias y cómodas tanto en su acceso como en su utilización. De la misma forma disponemos de un maletero más que correcto, que alcanza los 460 litros de capacidad. Lo que no varía respecto a sus mayores es la tablet central de 9 pulgadas situada en posición vertical, desde la que manejamos la mayor parte de automatismos del coche y el cuadro 100% digital mediante un TFT de 12,3 pulgadas. El conjunto convence al mezclar la calidad y elegancia que caracteriza a los Volvo con unas excelentes cotas de funcionalidad. El único pero llega de la mano de las puertas traseras, que tienen unas ventanillas demasiado pequeñas que perjudican la visibilidad, especialmente la de los ocupantes de menor estatura. 

En materia mecánica la firma estrena la plataforma CMA que dará vida a los modelos compactos y pequeños. Una de sus principales virtudes es que está preparada para albergar variantes eléctricas e híbridas, algo que ocurrirá antes de 2020. Se trata de la misma plataforma que empleará el nuevo V40, un modelo que también compartirá muchos de los motores que componen la gama del XC más pequeño. Ésta la conforman por el momento por dos opciones, un T5 gasolina de cuatro cilindros y 247 caballos y un D4 diésel de 190. En ambos casos están unidos a cambio automático de ocho velocidades y tracción integral, lo que condiciona un precio algo elevado de 42.200 y 47.200 euros respectivamente. 

En torno a marzo una nueva generación de motores de tres cilindros darán vida a las variantes de acceso T3 y D3 con 150 caballos cada una, tracción delantera y cambio manual, de serie. Algo más tarde llegará el híbrido, de 250 caballos. 

Por otro lado, las medidas de seguridad son prácticamente iguales a las de sus hermanos mayores, incluido el sistema anti-atropello que actúa sobre dirección y frenos para evitar lastimar peatones o ciclistas o el sistema que prepara el habitáculo para minimizar daños en caso de salida de la calzada. El XC40 está dotado también de conducción semi autónoma pro pilot, que mantiene el coche en el carril y a una distancia prefijada del vehículo que nos precede sin tocar el volante. 

Durante nuestra toma de contacto pudimos conducir la variante D4. Además de la altura del puesto de conducción nos sorprendió la comodidad de sus reacciones, a nivel de modelos de un segmento superior. Sin duda Volvo ha sido fiel a su ADN en este aspecto. De serie cuenta con una suspensión firme pero que da prioridad a la comodidad de lo ocupantes. Opcionalmente podemos optar por la variante sport de amortiguación, de serie con el acabado R Line, que mejora un punto su agilidad de respuesta especialmente en zonas de montaña, reduciendo la inercias y mejorando la precisión de guiado.

 

Como es habitual contamos con el sistema Drive Mode que nos permite elegir entre una configuración Sport, Confort o Eco para determinar el comportamiento de los órganos mecánicos, afectando a motor, cambio, clima, dirección... la diferencia entre modos se deja notar, especialmente si contamos con la suspensión de tarado regulable 4C, muy recomendable, pues nos propone siempre la firmeza adecuada en función de las circunstancias. Tanto en ciudad como en autopista su comportamiento nos ha entusiasmado por la capacidad de combinar agilidad y manejabilidad en ciudad con comodidad en autopista. Tan solo en zonas de montaña hemos echado en falta algo más de potencia, lógico si tenemos en cuenta el peso del coche superior a los 2.000 kilos, y hablando siempre de la variante D4. 

Junto al coche, Volvo inicia un nuevo camino de comercialización al ofrecer la opción de disfrutarlo mediante una única cuota mensual: todo incluido por 699 euros, incluso el mantenimiento. Al cabo del periodo establecido podemos optar por devolverlo, quedárnoslo o cambiarlo por otro Volvo.