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Toro Rosso: Más banco de pruebas de Red Bull que nunca

El equipo de Faenza afrontará la próxima temporada un duro reto con un riesgo importante.

Porta

Red Bull llegó a la Fórmula 1 como equipo en la temporada 2005 tras adquirir el equipo Jaguar. Anteriormente la marca de la bebida energética había tenido presencia en el Gran Circo esponsorizando a equipos como Sauber o Arrows y siendo imagen de numerosos pilotos.

Aunque no era la primera vez que una marca sin ninguna presencia en el mundo del motor utilizase a la Fórmula 1 para aumentar la visibilidad, su incursión como equipo no dejó indiferente a nadie.  El modesto RB1 con un motor Cosworth V10 estuvo listo para debutar en la temporada 2005, cosa que hizo con mejores resultados de los que nadie esperaba, si bien se repitió por activa y por pasiva que era un proyecto a largo plazo, de crecer como equipo.

A pesar de partir con la base de Jaguar, equipo con incontables problemas, en Red Bull tenían que ir madurando, aprendiendo cómo se hacen las cosas en Fórmula 1, teniendo los pequeños problemas que hay que ir solventando y que otros equipos ya tenían más que solucionados. Había que hacer las cosas bien, pero tampoco dormirse en los laureles. Había que aprender, pero cuanto más rápido se hiciese, mejor.

Por este motivo, Red Bull no dudó en adquirir el equipo más modesto de la parrilla y que iba rumbo a la desaparición, el histórico equipo Minardi, modificando el nombre a Toro Rosso y saliendo a pista como segundo equipo de la bebida energética ya en 2006. Ahora, los ingenieros de Red Bull con Adrian Newey a la cabeza tenían dos estructuras con las que adquirir datos, con las que aprender, con las que dar pasos adelante en su carrera en la Fórmula 1.

Toro Rosso se convirtió en el lugar perfecto para que Newey probara ciertas extravagancias antes de incorporarlas al teóricamente equipo principal. Tanto, que la situación se salió de madre en 2008, cuando el STR3 propulsado por el motor Ferrari y con Sebastian Vettel al volante fue notablemente superior al RB4 y su motor Renault. Incluso lograron una victoria, algo que aún no había logrado el equipo principal con David Coulthard y Mark Webber capitaneando el equipo.

Obviamente la situación no pasó inadvertida para el Paddock de la Fórmula 1, que elevó una queja a la FIA ya que ambos vehículos compartían plataforma y diseñador, siendo una ventaja patente y una manera retorcida de usar un coche cliente, muy en boca en aquellos días junto a la idea de usar un tercer coche por equipo, pero que sin embargo solo disfrutaba Red Bull.

Ya en 2009 Toro Rosso tuvo que presentar un diseño diferenciado al de Red Bull, con su propio equipo técnico asentado en Faenza, eso sí, siempre bajo la supervisión de Newey. Pese a ello, ya no iba a ser lo mismo. Red Bull perdía su banco de pruebas, limitándose a ser el equipo con el que sus pilotos junior diesen sus primeros pasos en la Fórmula 1, programa en alza tras el grandísimo rendimiento dado por Sebastian Vettel, el cual dio la primera victoria a Toro Rosso y también a Red Bull, teniendo incluso posibilidades de llevarse el título de campeón del mundo en su primer año en una temporada en la que Brawn-Mercedes pareció inalcanzable gracias a su refinado diseño del doble difusor.

Red Bull no consiguió sacar rédito de la siguiente generación de pilotos que pasó por Toro Rosso, Sébastien Buemi y Jaime Alguersuari, y en varias ocasiones se intentó una venta del equipo italiano que por determinados motivos nunca llegó a buen puerto. Tampoco parecía que fuese a sacar nada en claro de Daniel Ricciardo y Jean-Éric Vergne, pero la retirada de Mark Webber abrió hueco a Daniel, que demostró haber sido un acierto.

Solo un año más tarde, era Vettel el que decidía marcharse del equipo con el que había logrado cuatro campeonatos del mundo. Red Bull volvía a tirar de su equipo cantera, Toro Rosso, para promocionar a Daniil Kvyat, con un solo año de experiencia. El ruso no terminó de convencer en el equipo austriaco, o dicho de otra manera, convenció más Max Verstappen, por lo que no dudaron en hacer cambio de cromos.

Por una parte, la eclosión de pilotos como Daniel Ricciardo, Max Versatppen o Carlos Sainz ratifican la validez de un programa de este tipo, un programa que sin embargo es muy caro y que, dada la baja edad media de los pilotos mencionados, podría acabar siendo prescindible.

Pero casi de forma inesperada, Red Bull ha encontrado un fantástico uso para su equipo satélite. De nuevo, recupera la tarea de banco de pruebas. Red Bull no olvida lo sucedido a finales de 2015, en una intensa batalla con Renault, su proveedor de motores, y cómo le fue imposible llegar a un acuerdo con Ferrari o Mercedes, sus dos grandes rivales en la Fórmula 1. Red Bull se vio atrapada, sin opciones. O Renault o nada. Y aceptaron Renault, pero sin descartar otras vías.

Y esa vía ha llegado ahora con Honda. Tras tres años desastrosos con McLaren, nadie quiere un motor Honda, como muy bien se ha encargado de demostrar Sauber, dando marcha atrás al acuerdo con los japoneses. Nadie puede permitirse un año al nivel de McLaren… nadie excepto Red Bull, o mejor dicho, Toro Rosso.

Toro Rosso montará las unidades de potencia que nadie quiere, pues, al fin y al cabo, aunque Honda haya resultado ser un desastre en estos tres años, aún se le tiene confianza, la confianza de ser un gran fabricante, la confianza o mejor dicho, la esperanza de que finalmente den con la clave y sean competitivos. Toro Rosso se encargará de mostrar cuando así sea.

Y cuando así sea, Red Bull podrá beneficiarse del cambio, volviendo a tener un trato preferencial en los motores, un trato que no pudo conseguir con Mercedes y Ferrari, sus rivales, y que temía que iba a perder en breve con Renault, cuando su propio equipo comenzase a carburar mejor.

Toro Rosso recupera el espíritu de 2006 esperando tener el éxito de 2008-2009, cuando tanto efectivas soluciones fueron trasladadas al Red Bull, así como su piloto.