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Probamos el S 500 Intelligent Drive, el coche autónomo de Mercedes: ¿Nos olvidaremos de conducir?

Mercedes tiene listos dos S 500 capaces de llevarte de casa al trabajo con sólo ordenárselo. Ambos vehículos son experimentales aunque nos desmuestran que la tecnología del coche autónomo está lista. hemos tenido ocasión de conducir uno de ellos y nos ha sorprendido… ¿gratamente?

Siéntate y disfruta porque el S 500 lo hace todo por ti, aunque tienes la opción de tomar los mandos en cualquier momento.

A pocos kilómetros de las sedes de gigantes como eBay, Electronic Arts o Apple, el remozado cuartel general de Mercedes en Sunnyvale–California, EEUU– acoge en sus instalaciones a un nutrido grupo de profesionales de diversas nacionalidades que trabaja única y exclusivamente en un proyecto que tiene como base un S 500 que conduce sólo, ya que las leyes federales aprueban estos test en circunstancias reales, algo impensable en Europa (Alemania será la primera en abrir la veda). No obstante, el debut de este ‘coche sin manos’ se remonta a agosto de 2013 en Alemania, donde recorrió casi 100 kilómetros con un ocupante sentado con brazos y piernas cruzados sin hacer nada –el vídeo está colgado en el canal oficial de Daimler en Youtube–. Esa distancia es la que separa las localicades de Mannheim y Pforzheim, la misma que hizo hace 125 años Bertha Benz con el primer automóvil de la historia.

Hoy el objetivo es más ambicioso y se busca desarrollar una tecnología fiable y lo más asequible posible para llevarla a producción. ¿Estaremos más cerca del fin del “Te gusta conducir”? El fabricante de componentes Bosch, socio preferente de Mercedes en el desarrollo del S 500 Intelligent Drive, dice que dentro de 10 años será posible seleccionar el destino en el navegador y dedicarnos a la lectura o a escribir en el portátil.

De ciencia ficción
Como si se tratara de una cámara oculta o de un truco de cine, al estilo del que se empleó en la secuencia de “El mañana nunca muere” –donde James Bond manejaba su BMW 750iL a través de un móvil Ericsson–, los habitantes de esta ciudad ubicada en pleno Silicon Valley ya están ‘acostumbrados’ a ver al S 500 rodar mientras los pasajeros van charlando o leyendo el periódico en la tablet. Y en pleno cruce, a la hora de salir de una glorieta, de incorporarse a una autopista…


  

Sensaciones enfrentradas
El S 500 Intelligent Drive apenas difiere de un S 500 estándar salvo por las nuevas cámaras estereoscópicas colocadas en el parabrisas y las pegatinas de las puertas. Bajo los paragolpes delantero y trasero se han instalado unos radares de corto, medio y largo alcance que ‘fichan’ a todos los agentes que intervienen en la conducción –coches, motos, viandantes…–. En el interior descubrimos un gran pulsador rojo colocado en la parte alta de la consola, que sólo se usa en casos de extrema necesidad ya que para la asistencia por completo, así como una segunda pantalla posicionada por debajo de la central de 12,3 pulgadas y en la que se registran todos los movimientos de quienes nos rodean –a través de colores y vectores–.

Si un peatón cruza la calle sin que haya un paso de cebra, el S 500 lo detecta y frena

Arrancamos y salimos del centro de Mercedes llevando la berlina con nuestras propias manos; a nuestro lado va un experto que, pasadas dos calles del polígono industrial donde estamos, nos dice que soltemos las manos del aro del volante porque empieza la ‘magia’. Con una ruta programada en el GPS, el S 500 toma los controles como si fuera un chófer y nos lleva por las calles con suma tranquilidad. Aunque instintivamente vamos a echarle una mano cuando alguien sale de un aparcamiento o un peatón intenta cruzar la vía por donde no debe, él solo toma las decisiones con la suficiente antelación. Incluso da los intermitentes correspondientes cuando giramos.
Llegamos a la primera intersección y nos avisan: “Éste es el punto más conflictivo porque la centralita está registrando datos de los automóviles que están a nuestro lado, de los que vienen de frente y los que cruzan de derecha a izquierda y viceversa”, nos comenta nuestro copiloto. Pan comido, si bien el proceso es brusco: tarda mucho en frenar–en vez de hacerlo progresivamente, lo hace de golpe sin respetar la distancia de seguridad– y el gas es a fondo, aunque el objetivo sea una velocidad baja como en este caso. “Estamos trabajando para hacer todo más suave”, nos indica el ingeniero ante nuestra cara de desaprobación. Finalizamos nuestra ‘etapa’ no sin antes incorporarnos a una autopista y circular por ella varios kilómetros.

Regresamos llevando nosotros el Clase S quedando convencidos de que la tecnología está lista, sólo falta afinarla. Bosch decía que en 2025; nosotros apostamos a que será antes cuando nos levantemos y digamos a nuestro automóvil “al trabajo” o “al colegio”. Y si no, tiempo al tiempo…